Mykyta Nosik, pasante del think tank Resurgam
Photo: УНІАН, Péter Magyar/Facebook
Magyar en el Parlamento de Hungría. Fuente
La adhesión de Ucrania a la Unión Europea sigue siendo una prioridad estratégica de la política exterior de Kiev. No obstante, el camino hacia la plena adhesión continúa enfrentándose a una serie de obstáculos internos dentro de la Unión, derivados no solo de los requisitos objetivos de armonización legislativa, sino también de las divergencias políticas entre los Estados miembros. El principal freno al proceso de adhesión de Ucrania ha sido el veto húngaro: durante más de dos años, Budapest bloqueó la apertura de los capítulos de negociación, utilizando el requisito de unanimidad en el Consejo de la UE como instrumento de presión política.
Dado que el partido de Magyar, TISZA, obtuvo una mayoría constitucional en las elecciones parlamentarias —136 de los 199 escaños (68,3 %)—, el cambio de liderazgo en Hungría abrió una nueva etapa en el desarrollo político del país, especialmente en lo que respecta a su enfoque hacia la política de integración europea de Ucrania.
Resulta significativo que, apenas tres semanas después de la formación del nuevo Gobierno en Hungría, Budapest alcanzara un acuerdo integral con Kiev sobre los derechos de la minoría húngara. En el marco de las consultas técnicas, ambas partes lograron consensuar la mayoría de las demandas planteadas por Budapest: en particular, se alcanzó un acuerdo sobre 10 de los 11 puntos de la agenda. Los compromisos asumidos por Ucrania quedaron reflejados en el plan de acción que Kiev remitió a Bruselas como parte de su solicitud de adhesión. No obstante, la cuestión de la representación de las minorías nacionales en la Verjovna Rada de Ucrania permaneció sin resolver y fue aplazada temporalmente, a pesar de su posible relevancia en el marco de las futuras negociaciones con la Unión Europea.
Ya en enero de 2025, la Comisión Europea recomendó iniciar oficialmente las negociaciones para la adecuación de la legislación nacional de Ucrania a los estándares de la UE; sin embargo, esta iniciativa fue bloqueada por el entonces primer ministro, Viktor Orbán. En junio de 2025, Orbán promovió un denominado referéndum sobre el apoyo al inicio de las negociaciones con Ucrania, cuyos resultados utilizó para legitimar el veto. A pesar del cambio de gobierno, el nuevo primer ministro, Péter Magyar, también declaró que no respaldaba una aceleración del proceso de negociación para la adhesión de Ucrania a la Unión Europea. Magyar señaló que, en caso de que Ucrania lograra cerrar los 33 capítulos agrupados en los seis bloques del proceso de negociación en un plazo de entre 10 y 15 años, Hungría promovería la celebración de un referéndum jurídicamente vinculante sobre su adhesión. La posición de Magyar respecto a la inadmisibilidad de una adhesión acelerada de Ucrania a la UE responde a un conjunto de factores, entre los que destacan las consideraciones de política interna, la competencia con la oposición y el deseo de preservar instrumentos de negociación en sus relaciones con Bruselas.
En primer lugar, desempeña un papel importante el factor de la política interna. El partido TISZA recibió el apoyo de grupos electorales muy diversos, que abarcan desde jóvenes y profesionales urbanos hasta votantes conservadores cansados de la corrupción, pero no dispuestos a romper bruscamente con la retórica nacionalista. En estas circunstancias, el discurso moderado de Magyar respecto a la adhesión de Ucrania a la UE le permite demostrar que el cambio de gobierno no implica un abandono automático de la defensa de las prioridades nacionales de Hungría.
En segundo lugar, sigue siendo un factor determinante la competencia política con el partido Fidesz. A pesar de haber perdido el poder, la formación de Viktor Orbán conserva una influencia considerable en el espacio mediático y mantiene un sólido respaldo electoral. Cualquier suavización drástica de la posición del nuevo Gobierno respecto a Ucrania podría ser utilizada por la oposición como prueba de un supuesto abandono de los intereses nacionales. Por ello, una postura prudente respecto a la ampliación de la Unión Europea y la posibilidad de someter esta cuestión a referéndum permiten neutralizar las posibles críticas de la oposición y minimizar los riesgos políticos internos.
Aunque Magyar renunció a la confrontación pública con Bruselas que caracterizó la política de Orbán, la esencia de su enfoque permaneció inalterada: ambos primeros ministros se oponen a una adhesión acelerada de Ucrania y han institucionalizado mecanismos de bloqueo, aunque por vías diferentes. Orbán recurrió al veto directo, mientras que Magyar optó por la amenaza de un referéndum en la fase final del proceso de adhesión. La diferencia entre ambos métodos resultó, en esencia, superficial: en lugar de ejercer una presión unilateral, Magyar eligió un formato de negociación, aceptando levantar el veto sobre el primer bloque de negociación a cambio de concesiones por parte de Kiev. Sin embargo, posteriormente Budapest volvió a bloquear el paso procedimental necesario para la apertura de los cinco bloques de negociación restantes para Ucrania y Moldavia.
Por consiguiente, el levantamiento del veto sobre el primer bloque no debe interpretarse como un cambio completo de la posición de Hungría respecto a la integración europea de Ucrania. Se trata más bien de una concesión táctica que permite al nuevo Gobierno diferenciarse del estilo confrontacional de Orbán, obtener concesiones concretas de Kiev y preservar instrumentos de influencia para las etapas posteriores de las negociaciones.
Cabe señalar asimismo que los cambios en el enfoque del nuevo Gobierno húngaro no se limitan al ámbito de las negociaciones sobre la adhesión de Ucrania a la Unión Europea, sino que también son visibles en su política informativa. El ministro de Relaciones Sociales y Cultura de Hungría, Zoltán Tarr, declaró que la política del anterior Gobierno había contribuido a profundizar las divergencias entre Kiev y Budapest y no había ejercido una influencia constructiva sobre el desarrollo de las relaciones bilaterales. En cambio, señaló que una de las prioridades del nuevo Ejecutivo consiste en fortalecer las relaciones de buena vecindad con Ucrania y mejorar la situación de la comunidad húngara en el extranjero. En este contexto, la eliminación de las restricciones impuestas a los medios de comunicación ucranianos puede interpretarse como una de las primeras medidas prácticas adoptadas por el Gobierno de Péter Magyar para reducir las tensiones en las relaciones entre Ucrania y Hungría y restablecer la confianza mutua. Esta decisión contrasta con la política de Orbán, quien utilizó las restricciones a los medios como un instrumento de presión híbrida sobre Ucrania.
Al mismo tiempo, estos cambios no indican una revisión radical de la política exterior de Hungría respecto a Ucrania. A pesar de la voluntad del nuevo Gobierno de mantener un diálogo más constructivo y reducir el nivel de confrontación política, Budapest mantiene su negativa a proporcionar asistencia militar a Kiev para hacer frente a la agresión rusa. El Gobierno húngaro no suministrará al Gobierno ucraniano ni equipos ni armamento. Asimismo, el primer ministro húngaro expresó su escepticismo respecto a una integración acelerada de Ucrania, argumentando que ello sería injusto para los países de los Balcanes Occidentales, que llevan muchos años esperando su adhesión a la Unión Europea. No obstante, la diferencia fundamental radica en que, en lugar del bloqueo unilateral, el nuevo Gobierno recurre a consultas bilaterales y a la búsqueda de compromisos.
La apertura del primer bloque de negociación el 15 de junio de 2026 en Luxemburgo constituyó un importante paso simbólico, aunque no resolvió los riesgos sistémicos de futuros bloqueos. Desde un punto de vista técnico, Hungría puede volver a ejercer su derecho de veto tanto en la apertura de cada uno de los bloques de negociación restantes como en el cierre de cada uno de los 33 capítulos, ya que todas estas decisiones requieren la unanimidad del Consejo de la Unión Europea.
La situación que se produjo en junio de 2026, cuando Budapest bloqueó inicialmente la apertura de los cinco bloques restantes, pero posteriormente suavizó parcialmente su posición al aceptar que la Unión Europea enviara a Ucrania y Moldavia una carta oficial para iniciar el procedimiento de apertura del sexto bloque, relativo a las relaciones exteriores, demuestra la disposición del nuevo Gobierno a buscar soluciones de compromiso, aunque sin renunciar a sus propias posiciones negociadoras.
Hasta la fecha, se han abierto oficialmente dos bloques de negociación: «Fundamentos» (12 de junio de 2026) y «Relaciones Exteriores» (14 de julio de 2026).
No obstante, los principales riesgos de futuros bloqueos se concentran en varios aspectos. En primer lugar, la propuesta de Magyar de someter la adhesión de Ucrania a un referéndum crea una trampa tanto jurídica como política. Incluso si Ucrania cumpliera todos los requisitos técnicos, la decisión final sobre su adhesión podría ser bloqueada a nivel nacional. Ello permite a Budapest utilizar la perspectiva de un referéndum como instrumento de presión política en cada fase del proceso negociador. En segundo lugar, la cuestión aún no resuelta de la representación de las minorías nacionales en la Verjovna Rada podría volver a plantearse en el futuro. Si Ucrania no encuentra un mecanismo constitucional para resolver este problema, Budapest dispondrá de un argumento formal para justificar un nuevo bloqueo.
Aunque el cambio de gobierno en Hungría ha abierto una ventana de oportunidad para mejorar las relaciones entre Ucrania y Hungría, varios problemas fundamentales siguen sin resolverse. Entre ellos figuran la representación de las minorías nacionales en la Verjovna Rada, una cuestión aplazada pero no retirada de la agenda; la ausencia de garantías que impidan la repetición de nuevos bloqueos, dado que el acuerdo alcanzado con Magyar tiene un carácter ad hoc y no existe ningún mecanismo que imposibilite el recurso al veto en las fases posteriores del proceso; así como la posición respecto al apoyo militar a Ucrania, ya que Magyar, al igual que Orbán, se opone a la asistencia militar, lo que genera divergencias no solo en las relaciones bilaterales, sino también en el marco de la solidaridad europea.
Sin embargo, la evolución positiva de las relaciones entre Ucrania y Hungría bajo el Gobierno de Magyar no altera el panorama estratégico general: Hungría continúa siendo un factor de freno en el proceso de ampliación de la Unión Europea. La diferencia radica únicamente en que, en lugar de recurrir a la confrontación pública, las autoridades húngaras emplean ahora mecanismos de negociación.
Encuentro entre Volodímir Zelenski y Péter Mágyar al margen de la cumbre de la OTAN en Turquía. Fuente
La diplomacia ucraniana debe estar preparada para un escenario en el que Budapest bloquee los avances no debido a deficiencias objetivas de la legislación ucraniana, sino como un elemento de las negociaciones internas de la Unión Europea, en las que Kiev se convierta en rehén de intereses ajenos. Esto exige a Ucrania no solo cumplir los compromisos asumidos en materia de derechos de las minorías nacionales, sino también desarrollar un trabajo activo con otros Estados miembros de la UE y con las instituciones europeas para crear mecanismos alternativos de presión sobre Hungría y minimizar los riesgos de bloqueo.
En particular, resulta importante involucrar a los países interesados en una adhesión más rápida de Ucrania en la coordinación de posiciones antes de cada votación en el Consejo de la UE, así como utilizar los canales diplomáticos para acordar previamente posibles concesiones que puedan satisfacer a Budapest sin perjudicar los intereses nacionales ucranianos.
La futura resolución de estas cuestiones debería basarse en el principio de reciprocidad, según el cual el cumplimiento por parte de Ucrania de los compromisos asumidos debe ir acompañado de pasos correspondientes por parte de Hungría destinados a garantizar los derechos de la minoría nacional ucraniana y respetar los acuerdos bilaterales alcanzados.