Vladyslava Vasylieva, Analista junior del Centro Analítico “Resurgam”, área Europa. Especialización: Francia.
Photo: Yoan Valat/AP Photo/dpa/picture alliance
La doctrina nuclear francesa se formó durante la Guerra Fría y se caracteriza por la independencia y la garantía de soberanía, un carácter estrictamente defensivo, capacidad y responsabilidad, así como credibilidad. Además, París controla todos los componentes de la disuasión nuclear de manera autónoma, sin un mecanismo colectivo de toma de decisiones. Desde 1958, la política nuclear francesa incluye un arsenal limitado destinado únicamente a prevenir una agresión mediante la amenaza de una respuesta equivalente y a proteger los intereses vitales del Estado.
Asimismo, el sistema de disuasión de Francia incluye una estructura de dos componentes: el marítimo y el aéreo, concretamente submarinos estratégicos y fuerzas aéreas con misiles nucleares. París dispone de 280 cabezas termonucleares y de submarinos nucleares Le Triomphant, Le Téméraire, Le Vigilant y Le Terrible, equipados con misiles balísticos lanzados desde submarino con un alcance de hasta 10.000 km. A su vez, estas capacidades permiten al país mantener flexibilidad del sistema y disponibilidad operativa permanente.
Al mismo tiempo, la doctrina nuclear francesa combina la autonomía estratégica con el papel de contribuir a la defensa de los aliados europeos. Por ejemplo, Francia no es miembro del Nuclear Planning Group de NATO, lo que subraya el carácter independiente de su política nuclear. A pesar de ello, la doctrina francesa intenta integrarse y tener una dimensión europea mediante un “diálogo estratégico”, subrayado repetidamente por Emmanuel Macron desde 2020. Esto abre la posibilidad de un diálogo estratégico más amplio sobre el papel del potencial nuclear francés en la defensa del continente.
En las condiciones actuales, esta circunstancia crea las bases para revisar los parámetros de la doctrina nuclear francesa y para debatir su papel potencialmente más amplio en la garantía de la seguridad europea.
Para el análisis posterior, es importante delimitar los factores clave que actualmente determinan la evolución de la doctrina nuclear francesa. Los acontecimientos recientes, en particular la revisión doctrinal de marzo de 2026, fueron una reacción directa al fuerte deterioro de la situación política y del entorno de seguridad en Europa y en el mundo. Pueden destacarse varias razones principales que condujeron a estos cambios.
En primer lugar, el factor clave que determina la transformación doctrinal sigue siendo la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania. Un elemento adicional es que, en 2024, Rusia revisó su doctrina nuclear, ampliando la lista de situaciones en las que podría emplearse el arma nuclear y reduciendo de facto el umbral de su uso, lo que incrementa considerablemente el nivel de incertidumbre estratégica en Europa.
Otra causa es el rumbo político de la administración de Donald Trump, en particular su escepticismo respecto a los compromisos internacionales y sus críticas a los aliados de la OTAN, lo que intensificó en los países de la UE —especialmente en Francia— los debates sobre la fiabilidad de las garantías tradicionales de seguridad y la necesidad de reforzar mecanismos propios de disuasión estratégica.
También uno de los principales impulsos para los cambios doctrinales fueron los acontecimientos del 28 de febrero, concretamente el inicio de una operación militar a gran escala de Estados Unidos e Israel contra Iran, que provocó una escalada de conflictos globales y tensiones en Oriente Medio. Según datos analíticos del Instituto de Estudios de Guerra, puede concluirse que se trató de una de las operaciones más grandes de Estados Unidos en Oriente Medio durante la última década, lo que vuelve a subrayar los cambios en la seguridad global.
Pasando a los principios fundamentales de la doctrina actualizada, puede señalarse que su principal característica es la preservación de los principios tradicionales de la disuasión nuclear nacional, junto con un refuerzo y ampliación de la influencia francesa en la dimensión europea.
En su discurso en la base naval de Île Longue, Emmanuel Macron anunció la introducción del concepto denominado forward deterrence, que prevé una coordinación más profunda con los aliados europeos, la realización de ejercicios conjuntos y la posibilidad de un despliegue temporal de medios estratégicos franceses en el territorio de Estados socios.
Al mismo tiempo, se subrayó que el control sobre el uso del arma nuclear sigue siendo competencia exclusiva del presidente de Francia y que la nueva estrategia pretende fortalecer alternativamente al continente en condiciones de creciente inestabilidad política mundial.
Según declaraciones de Catherine Vautrin, el gasto en disuasión nuclear debe aumentar considerablemente, y en 2026 el presupuesto de este componente de la defensa podría alcanzar aproximadamente 57,1 mil millones de euros, lo que evidencia un importante respaldo financiero a la nueva doctrina y el fortalecimiento de su papel en la seguridad nacional.
Este modelo presenta tanto ventajas potenciales como ciertos riesgos. Por un lado, este enfoque busca complicar los cálculos estratégicos de posibles adversarios, ya que la distribución de elementos de disuasión por el continente los hace menos previsibles para el enemigo. Además, puede reforzar la autonomía estratégica de Europa y reducir la dependencia de las capacidades nucleares estadounidenses, especialmente en condiciones de incertidumbre política en las relaciones transatlánticas.
La profundización de la coordinación entre Francia,Reino Unido, Dinamarka, Polonia y otros países puede crear un sistema de disuasión más sólido, capaz de responder a nuevas amenazas.
Sin embargo, los críticos señalan que la ampliación del papel del potencial nuclear francés puede provocar disputas políticas dentro de la Union Europea, ya que tal sistema requiere enfoques institucionales y coordinación adicional al actuar fuera del marco de la OTAN.
Incluso en caso de profundizar la cooperación, la decisión final sobre el uso de armas nucleares sigue siendo prerrogativa exclusiva del presidente francés, lo que limita el grado de participación real de los aliados en el sistema de disuasión. Así, esta doctrina puede resultar solo parcialmente atractiva para otros países de la UE debido a la ausencia de un mecanismo colectivo de control y al carácter soberano francés en la toma de decisiones.
Al mismo tiempo, otro riesgo es el limitado potencial nuclear francés, que asciende a menos de 300 cabezas nucleares, una cifra significativamente inferior en comparación con los potenciales estratégicos de Estados Unidos o Rusia. Por consiguiente, la ampliación de la doctrina francesa a todo el espacio europeo requiere importantes cambios políticos y militares, incluidos nuevos mecanismos de coordinación entre los Estados europeos y un posible aumento del arsenal francés, lo que puede llevar mucho tiempo y exigir elevados costes financieros.
En el contexto de este tema, también es importante examinar las narrativas rusas sobre una supuesta “escalada nuclear”, que se utilizan activamente en las campañas propagandísticas informativas de Moscú. Tales afirmaciones están dirigidas a desacreditar a Francia como potencia nuclear, debilitar el apoyo a Ucrania y generar miedo ante una posible escalada entre las sociedades europeas. Este discurso adquiere especial relevancia en el contexto de la actualización de la doctrina nuclear francesa, cuando Moscú intenta utilizar la cuestión nuclear como instrumento de presión y como elemento de una estrategia híbrida más amplia para influir en la opinión pública en Europa.
Uno de los últimos mitos fueron las declaraciones de Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia (SVR), publicadas en febrero de 2026, sobre un supuesto “apoyo nuclear”. En esos mensajes se afirmaba que Francia y el Reino Unido supuestamente planeaban transferir una bomba nuclear a Ucrania, sin presentar ninguna prueba que respaldara tales afirmaciones. Esta declaración fue rápidamente difundida por los medios estatales rusos y en redes sociales, lo que constituye un mecanismo típico de propagación de narrativas informativas y propaganda. Los gobiernos de los Estados europeos calificaron de inmediato estas afirmaciones como infundadas y contrarias al derecho internacional, en particular al Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares.
El momento de aparición de esta narrativa no es casual y coincide con varios acontecimientos políticos importantes. En primer lugar, las declaraciones del SVR surgieron durante un período de negociaciones de paz, con el objetivo de socavarlas. En segundo lugar, la campaña informativa coincidió con el cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala de Ucrania, cuando la atención de la comunidad internacional estaba centrada en la guerra y sus consecuencias. En ese contexto, la difusión de declaraciones sobre una “escalada nuclear” permite al Kremlin crear simultáneamente una atmósfera de miedo ante una posible ampliación del conflicto, desacreditar el apoyo occidental a Ucrania, menoscabar la autoridad de París y Londres, empeorar la actitud de Estados Unidos hacia Ucrania y justificar su propia retórica.
En relación con este aspecto, también pueden encontrarse otras manipulaciones informativas. Por ejemplo, uno de los elementos centrales es la promoción de la tesis de que sería precisamente Occidente quien supuestamente prepara una “escalada nuclear” en la guerra contra Rusia. En las declaraciones oficiales rusas y en los medios, el apoyo a Ucrania suele interpretarse como un acercamiento gradual a un enfrentamiento militar directo entre Rusia y la NATO. Esta narrativa se refuerza activamente mediante referencias a las capacidades del armamento occidental, que teóricamente podría tener componentes nucleares o importancia estratégica. El Kremlin utiliza esta retórica para construir la imagen de Occidente como la parte que conscientemente aumenta el riesgo de un conflicto global.
La cuestión nuclear es utilizada regularmente por la propaganda rusa precisamente en períodos de aumento de la tensión internacional, ya que tiene un fuerte efecto psicológico y puede intensificar el miedo en las sociedades europeas.
Otro ejemplo puede ser la reciente acusación contra Francia de supuestamente arrastrar a Europa hacia una confrontación nuclear con Rusia. Después de las declaraciones de París sobre la posibilidad de ampliar la cooperación en el ámbito de la disuasión nuclear y de incluir a aliados en consultas estratégicas correspondientes, funcionarios rusos comenzaron a caracterizar estas iniciativas como “desestabilizadoras” y como medidas que amplían las capacidades nucleares de la OTAN. Esta retórica permite al Kremlin presentar a Francia como un factor de escalada y tiene el potencial de reforzar el escepticismo en una parte de la opinión pública europea respecto al apoyo continuado a Ucrania.
De ello también puede deducirse a quién va dirigida la “narrativa nuclear”, ya que esto permite definir con mayor precisión los objetivos estratégicos de esta campaña informativa. Uno de los principales grupos objetivo son las sociedades de los Estados europeos, especialmente los países de la UE y de la OTAN. Para esta audiencia, tales mensajes buscan aumentar el miedo ante una posible escalada nuclear y crear la impresión de que un mayor apoyo a Ucrania podría arrastrar a Europa a un conflicto directo con Rusia. El uso específico de la temática nuclear tiene un fuerte efecto psicológico y manipulador, ya que apela a temores básicos. Como resultado, esto puede estimular la aparición de posturas más críticas respecto a la ayuda a Ucrania en parte de la opinión pública europea.
Otra audiencia importante es el liderazgo de los países de la Union Europea. En este caso, los mensajes informativos intentan generar contradicciones adicionales dentro de las coaliciones occidentales. Al presentar a Francia como un Estado que supuestamente provoca una escalada nuclear o intenta imponer su propia visión de la disuasión europea, la retórica rusa busca socavar la confianza entre aliados. Este enfoque permite construir la imagen de Francia como un actor cuyas iniciativas podrían representar un riesgo para la estabilidad del continente, lo que potencialmente reduce el apoyo a sus propuestas estratégicas entre sus socios.
Una tercera audiencia importante es el público interno ruso. En este caso, la difusión de declaraciones sobre una “escalada nuclear” cumple la función de legitimar la política oficial del Kremlin y de construir la imagen de una amenaza exterior. Al presentar a Occidente como una parte supuestamente dispuesta a llegar a una escalada nuclear, las autoridades rusas refuerzan la narrativa de que Rusia se ve obligada a actuar en respuesta a acciones agresivas de fuerzas externas. Esto ayuda a mantener un efecto movilizador en la sociedad y a justificar la continuación de una política de confrontación.
En conjunto, estos mensajes informativos permiten a Moscú alcanzar simultáneamente varios objetivos estratégicos: debilitar el apoyo internacional a Ucrania, intensificar el miedo ante una escalada y desacreditar a Francia como uno de los principales actores europeos en materia de seguridad.
Como consecuencia, la formación de nuevos enfoques hacia la disuasión nuclear europea puede tener para Ucrania una serie de efectos estratégicos, tanto positivos como negativos. Ante todo, se trata de una transformación de la arquitectura general de seguridad en Europa, en la que el papel de las potencias nucleares, especialmente Francia y sus aliados, podría aumentar. Si los países de la Union Europea integran de manera más activa sus estrategias de defensa en torno a la disuasión nuclear, ello podría reforzar el nivel general de estabilidad estratégica en el continente y elevar el coste de cualquier nueva escalada por parte de Rusia. Para Ucrania, tal evolución significaría un fortalecimiento del entorno de seguridad, ya que un sistema de disuasión más consolidado en Europa podría limitar la capacidad de Moscú para utilizar amenazas nucleares como instrumento de presión política en la guerra.
Al mismo tiempo, el fortalecimiento del papel del factor nuclear en la seguridad europea también genera ciertos riesgos políticos para Ucrania. Uno de los principales riesgos, como se analizó anteriormente, sigue siendo la presión informativa ejercida por Rusia mediante la difusión de narrativas en los medios, lo que psicológicamente puede seguir influyendo y manipulando la opinión pública. En segundo lugar, en los debates estratégicos sobre la disuasión, la atención de los aliados podría desplazarse parcialmente del apoyo militar inmediato a Ucrania hacia una cuestión más amplia de estabilidad a largo plazo y gestión de riesgos de escalada. Dentro de esta lógica, algunos Estados podrían dar prioridad a la política de disuasión en lugar de a una rápida resolución de la guerra favorable a Ucrania.
Sin embargo, los nuevos debates sobre la disuasión europea también pueden abrir oportunidades adicionales para Ucrania en el ámbito de la cooperación en seguridad. Incluso sin participación directa en mecanismos nucleares, Ucrania podría integrarse gradualmente en formatos más amplios de diálogo estratégico, intercambio de inteligencia y planificación de defensa junto con sus socios europeos. A largo plazo, esto favorecería una integración más profunda de Ucrania en el sistema europeo de seguridad, donde su papel se definiría no solo como receptor de apoyo, sino también como un elemento importante de disuasión y estabilidad.
En una perspectiva más amplia, el fortalecimiento de la disuasión europea conducirá inevitablemente a la formación de una alianza de seguridad más integrada dentro de la UE, una “paraguas” estratégico para los Estados miembros. Esto plantea también una nueva cuestión para Ucrania: en caso de una futura adhesión a la UE, se encontraría dentro de un espacio de seguridad donde el factor nuclear ya forma parte del sistema de disuasión. No obstante, incluso en ese escenario, es poco probable que Ucrania se convierta en participante directo del componente nuclear, ya que el control de estas fuerzas sigue siendo competencia exclusivamente nacional de Francia. Más bien se trataría de otro efecto: la integración de Ucrania en la UE podría significar su inclusión en un sistema más amplio de disuasión estratégica europea, donde el factor nuclear actuaría como trasfondo de seguridad, mientras que el papel principal de Ucrania consistiría en reforzar la disuasión convencional en Europa.
En conclusión, el análisis de los debates en torno a la disuasión nuclear francesa y de las narrativas informativas rusas demuestra que el factor nuclear vuelve a ocupar un lugar central en los debates estratégicos sobre la seguridad europea. Por un lado, el fortalecimiento del papel de las potencias nucleares en la arquitectura defensiva europea constituye una respuesta al aumento de la inestabilidad geopolítica y a la necesidad de crear mecanismos de disuasión más autónomos. Por otro lado, estos procesos vienen acompañados de activas campañas informativas destinadas a socavar la confianza entre aliados y a presentar a Occidente como fuente de escalada.
Para Ucrania, estos procesos significan que su entorno de seguridad estará cada vez más determinado por transformaciones más amplias del sistema estratégico europeo. En esta arquitectura de seguridad, Ucrania ya no es solo un objeto de apoyo. Su experiencia militar, su potencial defensivo y su papel en la confrontación con Rusia la convierten gradualmente en un elemento importante de la disuasión europea. Precisamente por ello, la tarea clave para Ucrania no es solo preservar el apoyo internacional, sino también participar activamente en la construcción de un nuevo sistema de seguridad para Europa.
Puede que te interese