Elizaveta Samsonova, experta en relaciones internacionales, miembro de IAPSS, pasante del centro “Resurgam” en el ámbito Asia-Pacífico.
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Tras 2022, la guerra de Rusia contra Ucrania ha dejado de ser un conflicto regional para convertirse en uno de los factores que cada vez conectan más los espacios de seguridad euroatlántico e indopacífico. Uno de los instrumentos clave de este proceso es el mecanismo PURL (Prioritized Ukraine Requirements List), a través del cual la OTAN y Estados Unidos proporcionan a Ucrania armamento prioritario mediante la financiación de suministros procedentes de los arsenales estadounidenses con cargo a las contribuciones de aliados y socios. Seúl estudia actualmente la posibilidad de incorporarse al PURL en formato de participación financiera sin transferencia directa de armas letales. Con ello, persigue combinar sus compromisos aliados con Estados Unidos, la imagen de “Estado global responsable” y la mitigación de elevados riesgos regionales en sus relaciones con Rusia, Corea del Norte y China.
El PURL debe describirse no como un mecanismo general de apoyo a Ucrania, sino como un instrumento específico de coordinación de adquisiciones. Su modelo operativo se observa a través del primer paquete financiado, anunciado por los Países Bajos a principios de agosto de 2025, que incluía sistemas de armamento estadounidenses y cubría especialmente necesidades urgentes en defensa antiaérea (en particular componentes del sistema «Patriot»). Ya a finales de 2025, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, señaló que Australia y Nueva Zelanda fueron los primeros socios de la OTAN en unirse al PURL, ampliando el mecanismo más allá de la membresía formal, de modo que el precedente de la “participación de socios” se volvió directamente relevante para los debates actuales en Seúl.
A finales de 2025, la OTAN informó que aliados y socios habían asumido compromisos por más de 4.000 millones de dólares en el marco del PURL, y desde agosto de 2025 el volumen de compromisos ascendía aproximadamente a 1.000 millones de dólares mensuales. Para febrero de 2026, la suma total de compromisos superó los 4.500 millones de dólares, y la participación se amplió a 21 aliados de la OTAN más dos socios, lo que indica su rápida expansión y consolidación institucional. En este contexto, la adhesión de nuevos socios al PURL se considera cada vez más como una señal política de disposición a participar en un sistema más amplio de disuasión frente a Rusia.
La República de Corea no es miembro de la OTAN, pero es su socio en la región indopacífica. El diálogo formal entre Seúl y la OTAN comenzó en 2005, cuando la República de Corea obtuvo el estatus de país socio y empezó a participar en consultas sobre desafíos de seguridad comunes. En 2012 se firmó el Programa Individual de Asociación y Cooperación (Individual Partnership and Cooperation Programme), que definió las principales áreas de cooperación, en particular la ciberseguridad, la lucha contra el terrorismo y la no proliferación de armas de destrucción masiva.
Tras el inicio de la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania, la cooperación entre la República de Corea y la OTAN se intensificó considerablemente. Seúl es uno de los cuatro socios de la Alianza en la región indopacífica (junto con Japón, Australia y Nueva Zelanda) y participa regularmente en las cumbres de la OTAN; desde 2022, la República de Corea se ha sumado de forma sistemática a las reuniones de ministros de Asuntos Exteriores de la OTAN. En 2024 participó por primera vez también en una reunión de ministros de Defensa de la Alianza, lo que indica una profundización gradual de la interacción.
Una parte destacada de esta asociación es la cooperación en el ámbito de las nuevas tecnologías y la ciberseguridad. La República de Corea participa en iniciativas conjuntas de la OTAN para el intercambio de información sobre ciberamenazas, en particular en la plataforma Malware Information Sharing Platform, y también participa regularmente en los ejercicios internacionales de ciberdefensa Locked Shields. Además, en 2025 Seúl se unió a una asociación ampliada dentro de la NATO Science and Technology Organization, lo que abre oportunidades para programas de investigación conjuntos en ámbitos como la inteligencia artificial, los sistemas de sensores, la ciberseguridad y las tecnologías de defensa. Este fue el primer caso en que la República de Corea obtuvo acceso permanente a programas científico-tecnológicos multilaterales de la OTAN.
Sin embargo, la dimensión más tangible de la interacción entre la República de Corea y los Estados de la OTAN se configura en el ámbito de la cooperación industrial en defensa. Tras 2022, el complejo militar-industrial surcoreano se ha convertido en una de las principales fuentes externas para el rápido rearme de algunos aliados europeos de la OTAN.
En particular, en 2025 Polonia firmó un contrato para la adquisición de 180 tanques principales de combate surcoreanos K2, por un valor total aproximado de 6.000–6.500 millones de dólares, que prevé la localización parcial de la producción y la transferencia de tecnología a empresas polacas. Anteriormente, en 2023, Varsovia también firmó un contrato para 152 sistemas de artillería autopropulsada surcoreanos K9, valorado en aproximadamente 2.600 millones de dólares, que incluye el suministro de munición, mantenimiento técnico y formación de personal.
En julio de 2024, Rumanía firmó un acuerdo con la empresa surcoreana Hanwha Aerospace para el suministro de 54 obuses autopropulsados K9 y 36 vehículos de apoyo K10, con un valor aproximado de unos 1.000 millones de dólares. El contrato prevé un programa integral de apoyo logístico y la integración de los sistemas en la estructura nacional de capacidades de artillería.
Otro ejemplo ilustrativo es el acuerdo con Noruega, firmado en 2026, que contempla la adquisición de 16 sistemas de lanzamiento múltiple de cohetes K239 Chunmoo junto con un paquete de misiles guiados y sistemas de apoyo logístico. El valor del contrato asciende a aproximadamente 922 millones de dólares, mientras que el presupuesto total del programa noruego de desarrollo de capacidades de artillería de largo alcance se estima en unos 2.000 millones de dólares.
El conjunto de estos contratos demuestra que la interacción entre la República de Corea y los países de la OTAN está adquiriendo gradualmente el carácter de una integración industrial en el ámbito de la defensa. Se trata de la formación de cadenas de producción y logística a largo plazo que incluyen la localización de la producción, el soporte técnico, la formación de personal y soluciones tecnológicas conjuntas.
La interacción práctica de la República de Corea con la OTAN también se observa en el ámbito ucraniano. Aunque Seúl se abstiene oficialmente de suministrar directamente armamento letal a Ucrania, la OTAN destaca su contribución al Comprehensive Assistance Package for Ukraine, especialmente en el ámbito de la medicina militar. Paralelamente, Seúl intensifica sus consultas con la Alianza sobre las consecuencias de la cooperación militar entre Moscú y Pionyang: en julio de 2024, Yoon Suk Yeol declaró que la República de Corea, junto con la OTAN, reforzará el intercambio de información sobre las armas norcoreanas utilizadas en el campo de batalla en Ucrania.
En el contexto del fortalecimiento de los vínculos militares entre Rusia y Corea del Norte, la Alianza implica cada vez más a socios asiáticos en consultas y proyectos conjuntos. Para Seúl, esto representa una oportunidad de reforzar su estatus de “Estado pivote global”, integrando su potencial industrial de defensa en las cadenas de suministro transatlánticas y profundizando el diálogo político con los principales aliados europeos sin necesidad de una membresía formal en la OTAN. En una dimensión estratégica más amplia, la posible participación de la República de Corea en el mecanismo PURL tiene importancia no solo para el apoyo a Ucrania, sino también para la transformación de la propia arquitectura de asociaciones de la OTAN.
Para Seúl, el PURL resulta interesante ante todo como un mecanismo para consolidar las posiciones ya alcanzadas por la industria de defensa surcoreana en Europa, ya que se trata de incorporarse a un formato multilateral adicional de adquisiciones y coordinación (vinculado al apoyo a Ucrania).
El segundo motivo es el interés de Seúl en utilizar las exportaciones de defensa como instrumento de política exterior. Desde al menos mediados de la década de 2010, y de forma especialmente marcada bajo la administración de Yoon Suk Yeol, el gobierno de la República de Corea promueve sistemáticamente el concepto de “K-Defense”, considerando la industria de defensa como uno de los motores del crecimiento económico, el desarrollo tecnológico y la influencia internacional. En los discursos presidenciales de 2022–2024, las autoridades vincularon directamente la expansión de las exportaciones de defensa con el fortalecimiento de la posición internacional del Estado y prometieron aumentar el apoyo estatal al sector. En la práctica, esto implica la venta de armamento mediante la celebración de contratos a largo plazo, la localización de la producción, la cooperación tecnológica y la formación de asociaciones estratégicas de defensa con aliados. En este contexto, mediante el uso del mecanismo PURL, Seúl puede demostrar simultáneamente su disposición política a apoyar los esfuerzos de seguridad de Occidente y crear oportunidades adicionales para integrar a las empresas de defensa surcoreanas en las cadenas de suministro transatlánticas.
La tercera dimensión de la motivación de Seúl está relacionada con el hecho de que la seguridad de Europa y de la región indopacífica está cada vez más interconectada en la práctica. La OTAN, ya en su Concepto Estratégico de 2022, reconoció que los acontecimientos en la región indopacífica pueden influir directamente en la seguridad euroatlántica, y las posteriores declaraciones con socios indopacíficos han consolidado esta lógica.
La legislación surcoreana tradicionalmente limita la exportación de armamento letal a zonas de conflicto activo, lo que crea un dilema político complejo para el gobierno. Por ello, el mecanismo PURL resulta atractivo precisamente porque permite a Seúl participar en el apoyo a Ucrania en forma de contribuciones financieras sin realizar transferencias directas de sistemas de armamento coreanos. De este modo, el PURL puede funcionar como una especie de vía indirecta frente a las restricciones legales, permitiendo al gobierno mantener las limitaciones formales y, al mismo tiempo, demostrar solidaridad con sus aliados.
Al mismo tiempo, la posición de la República de Corea está fuertemente influida por la dinámica de seguridad en torno al eje Rusia–Corea del Norte. Los suministros a gran escala de munición norcoreana a Rusia y la profundización de la cooperación técnico-militar entre Moscú y Pionyang generan en Seúl la percepción de que la guerra contra Ucrania tiene consecuencias directas para la seguridad de la península coreana. Preocupa especialmente no solo el suministro de munición norcoreana a Rusia y el riesgo de transferencia de tecnologías militares rusas a la RPDC, sino también el hecho de que la participación de militares norcoreanos en combates pueda proporcionar a Pionyang experiencia práctica en guerra, lo que potencialmente elevaría el nivel de preparación de sus fuerzas. Por esta razón, el presidente Yoon Suk Yeol ha planteado en repetidas ocasiones la posibilidad de revisar la política tradicional que limita la transferencia de armas letales a países en guerra, si la magnitud de las violaciones del derecho internacional o la cooperación entre Moscú y Pionyang alcanzan un nivel crítico.
Un factor adicional de contención es la reacción de Moscú ante una posible ampliación de la ayuda militar de Seúl a Ucrania. En las declaraciones rusas, el suministro de armas por parte de Corea del Sur a Ucrania se interpreta directamente como un acto hostil y como una forma de implicación en el conflicto, lo que incrementa el riesgo de un deterioro adicional de las relaciones bilaterales para Seúl.
Otro factor disuasorio importante sigue siendo China, que es el principal socio comercial de la República de Corea. La experiencia previa del despliegue del sistema antimisiles estadounidense THAAD en 2016–2017 demostró que Pekín está dispuesto a utilizar la presión económica como instrumento de influencia política. En aquel momento, en respuesta, China aplicó restricciones comerciales informales y redujo los flujos turísticos hacia Corea del Sur, lo que provocó pérdidas económicas de miles de millones para la economía coreana.
Para Seúl, esto significa que la participación en el PURL ofrece potenciales beneficios políticos e industriales, pero al mismo tiempo aumenta el riesgo de una reacción negativa simultánea por parte de dos actores externos clave: China, como socio económico principal, y Rusia, como actor capaz de intensificar aún más las tensiones de seguridad en torno a la península coreana.
El factor japonés también es relevante. Japón está ampliando activamente su participación en los mecanismos de apoyo a Ucrania y considera la posibilidad de unirse al PURL en formato de financiación de equipamiento no letal.
Si Tokio se incorpora al mecanismo y Seúl se abstiene de participar, podría generarse un desequilibrio reputacional en el triángulo Estados Unidos–Japón–República de Corea. Para Washington, ambos países son aliados clave en la región indopacífica, por lo que la negativa de Seúl podría interpretarse como una falta de disposición a asumir una cuota comparable de responsabilidad en el apoyo a Ucrania.
Teniendo en cuenta las señales políticas actuales y las limitaciones estructurales de la política exterior coreana, pueden identificarse tres escenarios básicos de desarrollo.
En este escenario, la República de Corea adopta una decisión estratégica de participar de forma regular en la financiación del mecanismo PURL, integrando su contribución en el sistema colectivo de financiación de armamento para Ucrania. Esto implicaría la incorporación de Seúl a la práctica de contribuciones regulares de los aliados destinadas a la adquisición de sistemas de armamento estadounidenses prioritarios para las Fuerzas Armadas de Ucrania.
Desde el punto de vista institucional, la participación de la República de Corea podría materializarse en dos formatos. El primero contempla un modelo completamente público, con la inclusión de la contribución coreana en los comunicados oficiales de la OTAN. El segundo es más cauteloso y prevé la financiación a través de fondos fiduciarios o instrumentos específicos que permiten evitar la detallación de sistemas concretos de armamento. En caso de materializarse este escenario, Seúl no solo consolidaría su estatus como socio más implicado de la Alianza, sino que también obtendría ventajas prácticas en forma de una coordinación más estrecha con los aliados europeos, una ampliación del acceso a formatos conjuntos de la industria de defensa y un refuerzo de sus posiciones en el mercado europeo de armamento.
Al mismo tiempo, este escenario implica el mayor coste en política exterior para Seúl: deterioro de las relaciones con Rusia, probable reacción de Corea del Norte y riesgo de presión económica por parte de China.
Así, el escenario de participación sistémica implica una máxima determinación política por parte de Seúl, pero va acompañado de importantes costes geopolíticos.
En este escenario, la República de Corea no se incorpora al mecanismo PURL y mantiene el modelo actual de apoyo a Ucrania sin pasar a financiar paquetes de defensa en el marco de la OTAN. Esta opción se ajusta a la línea prudente de Seúl, permite evitar una mayor escalada en las relaciones con Rusia y China y no sobrepasa las limitaciones políticas actuales en materia de asistencia militar a Ucrania.
Al mismo tiempo, este escenario también tiene sus costes. Aunque mantiene un menor nivel de riesgo político para Seúl, limita su participación en nuevos mecanismos funcionales de interacción con la OTAN y reduce las oportunidades para seguir consolidando la presencia coreana en los formatos industriales de defensa occidentales.
Además, la negativa a participar puede provocar decepción política entre los principales aliados de Seúl, en primer lugar Estados Unidos y los miembros europeos de la OTAN, que esperan una mayor implicación de los recursos coreanos en el apoyo a Ucrania.
El escenario más realista parece ser uno intermedio, en el que la República de Corea lleva a cabo una participación financiera limitada y parcialmente no pública en el PURL. En la práctica, esto podría significar contribuciones irregulares o relativamente pequeñas para financiar paquetes específicos de ayuda a Ucrania, en particular la adquisición de munición o sistemas de defensa aérea. Al mismo tiempo, la diplomacia pública de Seúl probablemente formulará esta participación en términos lo más cautelosos posible, por ejemplo como “coordinación con la OTAN en apoyo a Ucrania”, sin detallar los volúmenes de financiación.
Este modelo permite a Seúl alcanzar simultáneamente varios objetivos estratégicos. En primer lugar, satisface parcialmente las expectativas de los aliados de la OTAN y de Estados Unidos respecto a una mayor implicación de la República de Corea en el apoyo a Ucrania. En segundo lugar, minimiza los riesgos de una reacción brusca por parte de Rusia y China. En tercer lugar, permite mantener el consenso político interno en cuestiones relacionadas con el suministro de ayuda letal.
En términos estratégicos, este escenario se ajusta mejor a la práctica coreana de maniobra prudente entre una mayor coordinación con los socios occidentales y la necesidad de no provocar una escalada externa significativa en un entorno regional sensible para Seúl.
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