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8 feb 2026 | 7 MIN.
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Estrategia japonés-filipina de cooperación en defensa en la región del Indo-Pacífico

8 feb 2026 | 7 MIN.
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Elizaveta Samsonova, experta en relaciones internacionales, miembro de IAPSS, pasante del centro “Resurgam” en el ámbito Asia-Pacífico.

El 15 de enero, en Manila, los ministros de Asuntos Exteriores de Japón, Toshimitsu Motegi, y de Filipinas, Teresa Lazaro, firmaron el Acuerdo de Adquisición y Servicios Cruzados (ACSA, Acquisition and Cross-Servicing Agreement) sobre apoyo y mantenimiento mutuos. Este acuerdo está orientado al intercambio de recursos y al apoyo logístico entre las Fuerzas de Autodefensa de Japón y las Fuerzas Armadas de Filipinas, integrando los esfuerzos de defensa de Tokio y Manila en una red conjunta de apoyo logístico.

Esto se convirtió en un acontecimiento que va mucho más allá de la diplomacia bilateral y señala un alejamiento del modelo de seguridad tradicional de la región, en el que los países dependían principalmente de Estados Unidos. Ahora Japón y Filipinas están creando su propio eje de interacción, lo que constituye una respuesta directa a las nuevas tácticas de bloqueos por parte de China en el mar de China Meridional, complementadas por la participación de Estados Unidos.ʼContamos más detalles sobre este acuerdo.

Ventajas militares para Japón

El documento crea un mecanismo jurídico simplificado para el suministro mutuo de combustible, alimentos, repuestos y servicios de mantenimiento técnico directamente en los puertos militares de ambos países. En lugar de regresar a las bases de mantenimiento en Japón, los destructores japoneses obtienen la posibilidad de repostar y realizar reparaciones menores en instalaciones filipinas. Además, Japón financia y apoya activamente la modernización de los sistemas de radar filipinos para la creación de una red de conocimiento del dominio marítimo, lo que garantiza un intercambio continuo de datos en tiempo real sobre los movimientos de las fuerzas del ejército chino.

El acuerdo se convirtió en una materialización práctica de la Estrategia de Seguridad Nacional actualizada, adoptada por el Gobierno de Japón a finales de 2022. El documento marcó un alejamiento histórico de la política de «seguridad exclusivamente defensiva» en favor de una estrategia de resiliencia económica mediante la disuasión proactiva de acciones desestabilizadoras por parte de Estados revisionistas. En este contexto, el acuerdo ACSA resuelve un problema clave de la flota japonesa: la resiliencia logística. Al obtener acceso a los puertos filipinos para el repostaje y la reposición de munición, los destructores japoneses ahora pueden operar en el mar de China Meridional de forma autónoma, creando una presencia constante en zonas críticas para disuadir a la flota de la República Popular China y garantizar la seguridad de la navegación en interés de la economía japonesa y de la estabilidad regional.

Cuestiones económicas de Japón

Para Japón, el acercamiento político-militar con Manila tiene un claro fundamento económico, ya que la estabilidad del suministro de recursos energéticos y de materias primas críticas se ha convertido en una cuestión de seguridad nacional y, al mismo tiempo, de la economía. El acuerdo con Manila es importante en el contexto de una probable desestabilización de las rutas comerciales, puesto que la economía japonesa es vulnerable a cualquier perturbación de la navegación en la zona entre Taiwán y Filipinas. Así, tras las maniobras a gran escala del Ejército Popular de Liberación de China bajo el nombre de «Joint Sword-2025» a finales del año pasado, durante las cuales Pekín ensayó el escenario de establecimiento de una zona de denegación de acceso (A2/AD) y el aislamiento de corredores marítimos, la amenaza pasó del ámbito teórico al práctico.

En tales condiciones, incluso una interrupción limitada del suministro de materias primas estratégicas, en particular de tierras raras, le costaría a Japón un 0,9 % del PIB en términos anuales. Sin embargo, esta cifra no refleja la magnitud real de la amenaza. De hecho, el funcionamiento de los sectores de la automoción y la electrónica, que generan más del 20 % de las exportaciones nacionales, queda bajo riesgo.

Por el estrecho de Luzón, que conecta el mar de Filipinas con el mar de China Meridional y es el principal corredor marítimo entre Taiwán y la isla filipina de Luzón, transita más del 80% de las importaciones energéticas de Japón, en particular de petróleo y gas. La capacidad de Japón para garantizar la navegación en esta zona crítica se convierte en un fundamento real para la estabilización del tipo de cambio del yen y de la rentabilidad de los bonos soberanos, especialmente en las condiciones de la actual turbulencia financiera, cuando el yen fluctúa cerca del umbral crítico de 160 por dólar. Por ello, el acceso a la infraestructura filipina permite a Tokio complementar las intervenciones cambiarias del Ministerio de Finanzas y del Banco de Japón con un control físico directo sobre la seguridad de los suministros.

Incluso una interrupción de corta duración de las importaciones de celdas de iones de litio y de placas de semiconductores, el 90 % de las cuales se transportan precisamente por estas rutas marítimas, resulta crítica. Una probable bloqueo marítimo total por un período superior a 3 meses —el plazo de agotamiento de las reservas estatales y corporativas— conducirá inevitablemente a un colapso estructural de las industrias automotriz y electrónica. Incluso una escasez temporal de componentes críticos es capaz de detener las cadenas de producción ya tras 8 semanas de aislamiento. La magnitud de la posible caída se confirma por la experiencia de crisis anteriores, cuando la producción en la industria automotriz se redujo en un 15,3 % y en los sectores de la electrónica en aproximadamente un 10 % ya en los primeros meses de escasez de componentes electrónicos críticos y de materias primas químicas.

En este contexto, el acuerdo ACSA es una señal para los mercados globales de que Japón está dispuesto a emplear la fuerza militar para garantizar la estabilidad de sus arterias comerciales estratégicas.

Beneficios para Manila

Para Manila, la criticidad del acuerdo viene determinada por la nueva táctica de la «milicia marítima» de Pekín. En concreto, la movilización de 1,4 mil buques chinos para crear barreras de 200 millas en enero de 2026 confirmó el riesgo de un aislamiento estratégico total de Filipinas. El acuerdo ACSA permite a la marina filipina realizar repostajes y reparaciones directamente con unidades japonesas, lo que garantiza una presencia prolongada en el mar para contrarrestar el bloqueo chino sin necesidad de regresar a bases remotas. Además de la amenaza de bloqueo, Manila se guía por la acuciante necesidad de independencia energética. Este acuerdo protege la exploración de recursos en el Banco de Reed, donde existen numerosos yacimientos de gas y petróleo, frente a la oposición de China.

Aspecto militar del acuerdo entre los países

En el marco del acuerdo se está creando un sistema de defensa escalonado: los misiles antibuque japoneses Type-12 con alcance ampliado hasta 1.000 km, que en diciembre de 2025 confirmaron su plena capacidad operativa en la isla de Yonaguni (a solo 110 km de Taiwán), están ahora técnicamente preparados para integrarse en un complejo de ataque unificado con las fuerzas filipinas. La integración se refuerza financieramente: la asignación por parte de Japón de 900 millones de yenes en el marco del programa de modernización de los radares filipinos permite crear un campo unificado de conocimiento del dominio marítimo. En la práctica, los aliados están formando un «espacio transparente» en el que cualquier maniobra de la flota china se registra en tiempo real, lo que neutraliza el efecto sorpresa en el que se apoyaba el EPL durante los ejercicios «Joint Sword».

Se espera que en la próxima cumbre la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, y el presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos Jr., inicien oficialmente ejercicios militares conjuntos, en particular Salaknib y Balikatan. A ellos también podría sumarse Estados Unidos, lo que contribuirá al desarrollo de entrenamientos regulares trilaterales y al posterior fortalecimiento de la cooperación en el ámbito de la seguridad.

Reacción de los adversarios

Pekín y Pionyang perciben esta profundización de la interoperabilidad militar entre ambos países como un elemento de formación de bloques hostiles en la región. A pesar de la ausencia de una alianza de defensa colectiva de iure, el nivel de coordinación entre Japón y Filipinas ha alcanzado el umbral en el que, para los oponentes, la diferencia entre asociación logística y alianza estratégica se vuelve meramente formal. Japón, alejándose de décadas de pacifismo, integra conscientemente a sus Fuerzas de Autodefensa en la arquitectura regional de seguridad, cerrando geográficamente el anillo de contención en torno a China.

La reacción del «eje» autocrático ante estos pasos es demostrativamente sincronizada y agresiva. Pekín oficial ha desplegado una campaña informativa masiva para deslegitimar el acuerdo, calificándolo de «desigual» y acusando a Manila de «jugar con fuego». Sin embargo, la señal más alarmante es la total coincidencia de narrativas entre China y Corea del Norte: ambos regímenes utilizan la tesis de la expansión agresiva de una «OTAN asiática» para justificar su propia militarización. En particular, según datos de inteligencia satelital de enero de 2026, Pekín ha pasado a la construcción acelerada de infraestructura militar en el arrecife Antelope, en las islas Paracel, donde la instalación de nuevas estaciones de radar y muelles para buques de desembarco debe garantizar el control físico de las comunicaciones marítimas. Esto indica que los adversarios perciben el acuerdo ACSA como un punto de no retorno.

En la dimensión global, la formación de un «Escudo del Sur» tan potente resulta estratégicamente beneficiosa para la seguridad mundial, ya que obliga a China a dispersar recursos en su propio perímetro, reduciendo objetivamente su capacidad de proporcionar apoyo material y técnico a Rusia en la guerra contra Ucrania.

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Elizaveta Samsonova, experta en relaciones internacionales, miembro de IAPSS, pasante del centro “Resurgam” en el ámbito Asia-Pacífico.

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