¿La siguiente después de Venezuela? ¿La política de la Administración Trump hacia Cuba?
Mykyta Nosik, pasante del think tank Resurgam
Collage: УНІАН; Photo: president.gov.ua, ua.depositphotos.com
En este contexto, la República de Cuba aparece no solo como un caso problemático aislado, sino también como un punto de apoyo de Estados hostiles a Estados Unidos. La dura presión sobre Cuba, incluida la imposición de un bloqueo económico, sanciones y amenazas, demuestra la determinación de Washington de «reconfigurar el hemisferio».
Estados Unidos considera a Cuba una amenaza potencial debido a su cooperación con China, Irán y redes terroristas transnacionales, aplicando presión económica que sienta un precedente para otros países de la región y tiene consecuencias indirectas para Ucrania, en particular en el ámbito de la seguridad y de la dinámica geopolítica global.
Cuba como elemento central de la política de Trump a través del concepto de la «Doctrina Monroe»
La dirección cubana se convirtió en una de las claves en la implementación de la estrategia de seguridad estadounidense. El 30 de enero de 2026, Donald Trump firmó un decreto para la introducción de un estado de emergencia en relación con las acciones del Gobierno de Cuba, que representan una amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos. El documento señala que La Habana apoya a Estados hostiles como Rusia y China, así como a organizaciones terroristas, en particular Hamás y Hezbolá.
Según el decreto, Cuba aloja en su territorio instalaciones militares extranjeras, incluido el mayor centro de inteligencia de señales fuera de Rusia, y además profundiza la cooperación con China en el ámbito de la seguridad.
Asimismo, Trump puso énfasis en las violaciones sistemáticas de los derechos humanos, la persecución de opositores políticos y las restricciones a la libertad de expresión y de prensa en Cuba.
La Administración Trump también anunció su disposición a imponer aranceles adicionales a terceros países que directa o indirectamente suministren petróleo a Cuba. Aunque los parámetros concretos de los aranceles no fueron definidos, el propio mecanismo se convirtió en una herramienta para ampliar la presión económica más allá de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Cuba. Estas medidas están dirigidas en gran medida contra México, que en los últimos años ha suministrado a Cuba decenas de miles de barriles de petróleo al día.
El factor venezolano y la presión energética
Un factor clave del debilitamiento de Cuba fue la pérdida del apoyo de Venezuela. Tras la detención de Nicolás Maduro, Estados Unidos logró la reorientación de los flujos petroleros venezolanos. A lo largo de 2025, Venezuela suministró a Cuba una media de alrededor de 27.000 barriles de petróleo al día, lo que cubría aproximadamente la mitad del déficit energético del país. Según la BBC, de acuerdo con las estimaciones de especialistas, en diciembre se detuvieron unos 35.000 barriles diarios de exportaciones de petróleo venezolano debido al bloqueo marítimo de Caracas por parte de Estados Unidos.
El 11 de enero de 2026, Donald Trump anunció que Cuba ya no recibiría ni petróleo ni recursos financieros de Venezuela, e instó a La Habana a «llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde». También subrayó que la seguridad de Venezuela ahora está garantizada por Estados Unidos.
Según la evaluación de la CIA estadounidense, la pérdida del petróleo venezolano y de otra ayuda amenaza a Cuba con un colapso económico y una profundización de la crisis humanitaria, ya que la agricultura y el turismo ya sufren frecuentes cortes de electricidad, sanciones comerciales y otros problemas, y la gestión del país por el régimen comunista local, que está en el poder desde la revolución de Fidel Castro de 1959, se vuelve aún más difícil.
Sanciones, presión política y una señal para la región
Además de la presión energética, la Administración Trump endureció el régimen de sanciones contra Cuba. El 21 de enero de 2026, el presidente de Estados Unidos revocó la decisión de la administración de Joe Biden de retirar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. Formalmente, esta decisión de Biden formaba parte de los acuerdos sobre la liberación de más de 500 presos políticos; sin embargo, la nueva administración la interpretó como una concesión que no se ajustaba a los intereses nacionales de Estados Unidos.
Asimismo, en Washington se contemplan escenarios de presión interna sobre La Habana y se buscan posibles informantes dentro de las filas del régimen. La captura de Maduro se considera un modelo de actuación y, al mismo tiempo, una advertencia implícita para Cuba. Aunque no se formulan amenazas militares directas, la retórica de Trump y de su entorno contiene una señal clara de disposición a medidas radicales.
Los mercenarios cubanos en la guerra contra Ucrania: la dimensión de seguridad
La política de Estados Unidos hacia Cuba tiene no solo una dimensión regional, sino también un impacto directo en la seguridad de Ucrania. Según datos del Departamento de Estado de EE. UU., entre 1.000 y 5.000 mercenarios cubanos combaten del lado de la Federación de Rusia contra Ucrania. El documento subraya que, después de Corea del Norte, Cuba es el mayor proveedor de contingentes militares extranjeros para apoyar la agresión rusa.
Sin embargo, según estimaciones de funcionarios ucranianos, en un futuro próximo el número de cubanos en las filas de las fuerzas rusas podría alcanzar hasta 25.000 personas, lo que los convertiría en el mayor contingente extranjero en el campo de batalla, superando incluso la presencia de militares de la RPDC. Esta implicación resulta ventajosa para Rusia por varias razones, en particular desde el punto de vista de la preservación de su propia fuerza humana, la minimización de riesgos sociales internos y el mantenimiento de la estabilidad política dentro del país.
Mercenarios cubanos en el ejército ruso. Fuente: Wall Street Journal
El atractivo de participar en la guerra de la Federación de Rusia contra Ucrania para muchos cubanos reside ante todo en el beneficio económico. La parte rusa promete pagos de alrededor de 2.000 dólares al mes, lo que supera significativamente los ingresos en su país de origen. Según la valoración de la profesora asociada del Centro Miller de la Universidad de Virginia, Cristina López-Gottardi, el salario medio en Cuba es de unos 20 dólares, y el propio país atraviesa una profunda crisis económica y energética, lo que hace que tales ofertas sean, para muchos cubanos, prácticamente la única alternativa.
Al mismo tiempo, se informa de que miles de personas ya han firmado contratos para participar en los combates en el frente, mientras que parte de los reclutas afirma que fueron engañados con ofertas de trabajo en instalaciones civiles, en particular en la construcción, pero posteriormente enviados directamente a la zona de combate.
El representante de la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania, Andrii Yusov, al intervenir el 19 de septiembre de 2025 ante miembros del Congreso de Estados Unidos, subrayó que la captación de extranjeros, en particular de cubanos, es una estrategia consciente del Kremlin. Según sus palabras, la muerte de mercenarios extranjeros no genera para Rusia una presión social o política significativa: no existen obligaciones en materia de prestaciones sociales, no hay familiares dentro del país que puedan expresar públicamente su descontento con la guerra, y el número de ciudadanos rusos muertos disminuye formalmente.
En cambio, el aumento de la presión por parte de Estados Unidos sobre Cuba, combinado con sanciones económicas, aislamiento político y señales de disposición a medidas más duras, podría influir potencialmente en la situación política interna del país y en el comportamiento del Gobierno cubano. En condiciones de una profunda crisis económica y energética, la vulnerabilidad del régimen en La Habana aumenta de forma significativa, lo que limita su capacidad para continuar una cooperación activa con la Federación de Rusia en el ámbito militar.
Escenarios de evolución de los acontecimientos y sus consecuencias
El primer escenario prevé que, bajo la influencia de una mayor presión política y económica por parte de Estados Unidos, el Gobierno de la República de Cuba acceda a entablar negociaciones con la Administración de Donald Trump y acepte un cambio parcial o gradual de su orientación en política exterior. En el marco de este escenario, La Habana podría asumir compromisos de limitar o poner fin a la cooperación con Rusia, China, la RPDC e Irán, a los que Washington considera adversarios estratégicos, especialmente si la cooperación con la Federación de Rusia empieza a ser percibida por la dirigencia cubana como un factor de riesgos adicionales para la supervivencia del régimen.
Un acuerdo de este tipo entre La Habana y Washington podría incluir también la reducción de la presencia militar y de inteligencia de esos países en el territorio cubano. Para Cuba, esta opción podría considerarse una vía para aliviar la presión de las sanciones y estabilizar la situación económica interna.
Para Ucrania, en cambio, esta dinámica significaría una reducción parcial del recurso humano externo que Rusia utiliza para compensar sus propias pérdidas, o incluso el cese total de la práctica de su participación en la agresión rusa.
El segundo escenario contempla una evolución más dura de los acontecimientos según el modelo venezolano, con la destitución forzada del actual liderazgo político de Cuba, en particular del presidente Miguel Díaz-Canel. No obstante, la materialización de esta opción parece menos probable. Los acontecimientos en Caracas a principios de enero se convirtieron en una señal seria para las élites regionales. La dirigencia cubana, previsiblemente, tratará de evitar un escenario que implique una intervención coercitiva o riesgos personales análogos al destino de Nicolás Maduro. Además, el uso directo de la fuerza contra Cuba conlleva para Estados Unidos importantes riesgos políticos e internacionales, lo que limita la disposición de Washington a llevar a cabo esta opción.
Habida cuenta del equilibrio actual de fuerzas, de la vulnerabilidad interna de la economía cubana y del afán del liderazgo político por mantener el control de la situación, el primer escenario parece más probable. Precisamente el formato negociador con un distanciamiento gradual de La Habana respecto de los socios estratégicos de Moscú y Pekín se presenta como la vía más pragmática para ambas partes y, al mismo tiempo, crea las condiciones para reducir los riesgos de seguridad, en particular para Ucrania.
Mykyta Nosik, pasante del think tank Resurgam
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