Diana Shevchenko, pasante del Centro Analítico Resurgam
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En este contexto, los Estados con menor influencia en la escena internacional se enfrentan a la necesidad de adaptar su política exterior al nuevo entorno, concretamente mediante la búsqueda de opciones de cooperación con las superpotencias sin sufrir las consecuencias negativas de su influencia global. Uno de los mejores ejemplos de este tipo de equilibrio es Singapur. Se trata de un Estado territorialmente pequeño, pero con sectores económicos y tecnológicos bastante desarrollados. Durante un largo período, Singapur incorporó eficazmente a su política exterior una estrategia de equilibrio que le permitió mantener vínculos estrechos tanto con China en el ámbito económico como con Estados Unidos en el ámbito de la seguridad. Este enfoque es conocido en las relaciones internacionales como estrategia de hedging, es decir, una estrategia de seguridad nacional o de alineamiento de posiciones que un Estado aplica respecto a otro y que combina elementos de cooperación y confrontación. Sin embargo, el actual fortalecimiento de la confrontación económica y la intensificación de la rivalidad tecnológica ponen en duda la aplicación a largo plazo de esta estrategia. Debido al aumento del control sobre las tecnologías, las inversiones y a la creciente politización de los negocios, incluso los Estados tradicionalmente neutrales, incluido Singapur, se encuentran bajo la presión de las grandes potencias.
En este artículo se examinará la política de hedging de Singapur en las actuales condiciones de intensificación de la competencia entre Estados Unidos y China, así como el impacto de los desafíos económicos y tecnológicos sobre la capacidad del Estado para mantener el equilibrio entre los principales centros de poder.
La estrategia de hedging surgió en la teoría de las relaciones internacionales a finales del siglo pasado. Este concepto posee una interpretación bastante amplia y se sitúa a medio camino entre otras dos estrategias clásicas: el balancing —la oposición a un actor más poderoso— y el bandwagoning —la adhesión a un actor más fuerte—. La concepción cuenta con dos enfoques: el primero consiste en la reducción de riesgos mediante la preparación para el peor escenario posible; el segundo, en la maximización de beneficios bajo condiciones favorables. En términos más sencillos, la estrategia de hedging puede caracterizarse como una estrategia de política exterior cuyo objetivo principal es la gestión de intereses nacionales divergentes y que permite a un Estado desarrollar relaciones con distintos centros de poder, reduciendo los riesgos de dependencia de un único socio. Un rasgo característico de esta estrategia es que ayuda a evitar la necesidad de elegir un bando durante una competencia geopolítica. De este modo, el hedging actúa como un instrumento para preservar la flexibilidad estratégica y la autonomía, algo especialmente importante para los Estados pequeños y medianos.
Esta estrategia es utilizada con mayor frecuencia precisamente por los países de la región Asia-Pacífico, pero el mejor ejemplo de su aplicación, como ya se ha mencionado anteriormente, es Singapur. Se trata de un país pequeño y abierto cuya economía depende en gran medida del comercio, por lo que sus dirigentes comprendieron perfectamente que el éxito del país dependía de vínculos estratégicos con Estados tanto dentro como fuera del Sudeste Asiático.
Países del sudeste asiático. Fuente
Ya durante la Guerra Fría, Singapur adoptó una estrategia basada en el apoyo a Estados Unidos como principal garante de la seguridad y la estabilidad en la región del Sudeste Asiático. Aunque ambos países cooperan en diversos ámbitos, como la educación y el turismo, el fortalecimiento más significativo de las relaciones bilaterales se produjo precisamente en los sectores de la defensa y el comercio. Por un lado, Estados Unidos desempeña un papel importante para la economía de Singapur desde el punto de vista del acceso a los mercados, los flujos de inversión y las tecnologías avanzadas. Por otro lado, la ventajosa ubicación geográfica de Singapur proporciona a Estados Unidos una plataforma para la proyección de poder. Desde 1992, tras el cierre de las bases militares estadounidenses en Filipinas, Singapur asumió la función de albergar el centro de mando de la logística naval estadounidense. En 2001 se inauguró una base naval que comenzó a recibir portaaviones estadounidenses. Desde 2003, Singapur se incorporó a la Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación (Proliferation Security Initiative) impulsada por Estados Unidos, y también se llevaron a cabo negociaciones entre ambos países sobre una nueva asociación estratégica en los ámbitos de la defensa y la seguridad. Ese mismo año, Singapur firmó un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos. En 2005, ambos países suscribieron un acuerdo marco que ampliaba su cooperación, incluyendo la lucha contra el terrorismo, ejercicios militares conjuntos y el acceso a tecnologías de defensa. Para Washington, el acuerdo se convirtió en un instrumento importante para reforzar la presencia político-militar estadounidense y la proyección de influencia en la región Asia-Pacífico, mientras que para Singapur constituyó un medio para fortalecer la asociación bilateral con Estados Unidos con el fin de mantener la seguridad regional.
Debido al rápido desarrollo y al fortalecimiento del papel de la República Popular China como actor económico influyente, Singapur comenzó en la década de 1990 a interactuar estrechamente también con China en los ámbitos económico, comercial y de inversión. Como consecuencia de la política de economía abierta iniciada por Deng Xiaoping, dirigente del Partido Comunista de China durante las décadas de 1970, 1980 y 1990, Singapur empezó a considerar a China como un socio importante para el desarrollo de relaciones comerciales y económicas mutuamente beneficiosas en el Sudeste Asiático. En la actualidad, la República Popular China ocupa el primer lugar en el comercio exterior de Singapur. En años anteriores, Singapur fue el mayor inversor en China debido a su afinidad cultural. Dado que la diáspora china constituye la mayor parte de la población del Estado, ello contribuyó a la formación de confianza en las relaciones económicas bilaterales. Singapur apoya la Asociación Económica Integral Regional (un acuerdo de zona de libre comercio) entre los miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático; junto con China fue uno de los fundadores del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y es un activo partidario de la iniciativa china «Una Franja, Una Ruta». Además, en 2008 el país reforzó su cooperación con China mediante la firma del Acuerdo sobre Intercambios de Defensa y Cooperación en Materia de Seguridad (Agreement on Defence Exchanges and Security Cooperation). Sin embargo, a pesar de la estrecha cooperación económica, las relaciones entre ambos Estados siguen siendo contradictorias, especialmente debido a las reclamaciones de la República Popular China sobre Taiwán y al fortalecimiento de la presencia china en el mar de China Meridional. Así, Singapur subraya constantemente su preocupación por la creciente militarización del mar de China Meridional por parte de China y, en 2004, el primer ministro de Singapur, Lee Hsien Loong, incluso realizó una visita secreta a Taiwán. Los dirigentes de Singapur insisten en el derecho soberano del Estado a adoptar de forma independiente sus decisiones de política exterior, independientemente de la posición de Pekín.
Reclamaciones territoriales en el mar de la China Meridional. Fuente
La estrategia de hedging alcanza su máxima eficacia en condiciones de relativa estabilidad en la escena internacional. La rivalidad entre Estados Unidos y China conduce a una mayor politización de la interacción económica, lo que crea ciertas limitaciones para los Estados que aspiran a mantener una política exterior multidireccional. De ello se desprende que la competencia entre las dos potencias mundiales se está convirtiendo en uno de los principales desafíos para la política de Singapur. Dado que Singapur proporciona una plataforma diplomática neutral donde tienen lugar importantes reuniones informales y cumbres entre altos funcionarios de Estados Unidos y la República Popular China, ello obliga al país a mantener una política de neutralidad, sin elegir un bando en la confrontación sino-estadounidense.
La rivalidad económica entre Estados Unidos y China comenzó ya en 2018 en el contexto del rápido ascenso de China y de sus marcas tecnológicas, lo que generaba una competencia indeseable para Estados Unidos en su mercado interno. La administración de Donald Trump criticó en repetidas ocasiones a las autoridades chinas por inundar los mercados con materias primas baratas, como el aluminio y el acero. Esta fue la razón por la que la Casa Blanca decidió aumentar los aranceles sobre las importaciones de productos chinos. Este enfoque tenía como objetivo frenar el crecimiento de China y estabilizar el equilibrio de poder en el mercado. Sin embargo, la República Popular China respondió imponiendo aranceles más elevados a las exportaciones estadounidenses. La rivalidad económica contemporánea va más allá de las guerras comerciales, incorporando la competencia tecnológica y financiera. La combinación de los intentos de Estados Unidos por desvincular sus cadenas de suministro y restringir el acceso a tecnologías estratégicas, junto con las agresivas reivindicaciones marítimas de Pekín y su presión económica, genera un riesgo creciente de verse obligado a elegir un bando para los países más pequeños. Para Singapur, esta situación es especialmente crítica, ya que su prosperidad depende de rutas marítimas abiertas y de un comercio marítimo estable. Como Estado que equilibra sus relaciones entre China y Estados Unidos, Singapur dispone de capacidades e influencia bastante limitadas. Sin embargo, una de las consecuencias positivas de esta rivalidad es la posibilidad de trasladar inversiones y producción desde China hacia otros países del Sudeste Asiático, incluido Singapur.
Puerto de Singapur. Fuente
Las relaciones entre Estados Unidos y Singapur continúan desarrollándose principalmente en la dimensión de la seguridad. En 2022 tuvo lugar la cumbre entre Estados Unidos y los Estados miembros de la ASEAN, en la que Singapur declaró que la excesiva preocupación de Estados Unidos por el ascenso de China podría conducir al inicio de una nueva Guerra Fría en el siglo XXI. El objetivo de Singapur es construir su política exterior sobre la base de los intereses comunes del Sudeste Asiático y no sobre los intereses estadounidenses. Singapur es el principal aliado de Estados Unidos dentro de la ASEAN y, por ello, su negativa a elegir un bando puede generar incomprensión en Estados Unidos, lo que podría afectar a su cooperación en materia de seguridad.
Al mismo tiempo, China es el mayor socio comercial y la principal fuente de inversiones para Singapur. El país siempre ha mantenido un enfoque prudente y neutral respecto al ascenso de China y ha procurado evitar verse involucrado en cualquier rivalidad entre grandes potencias o conflicto internacional. La mayor parte de la población de Singapur está compuesta por chinos étnicos, para quienes la posición del gobierno respecto a la República Popular China resulta difícil de comprender.
Número de grupos étnicos diferentes entre la población residente de Singapur en 2025. Fuente
No obstante, estos dilemas diplomáticos de Singapur, en las condiciones actuales, no se limitan únicamente a los ámbitos de la seguridad y la economía. Un nuevo desafío para la política de hedging ha surgido en forma de competencia tecnológica. El elemento más importante de esta competencia es el acceso al mercado de los semiconductores. Estados Unidos utiliza activamente las restricciones a la exportación como instrumento para contener el desarrollo tecnológico de China, limitando el acceso a chips avanzados y al equipamiento necesario para su fabricación. China, por su parte, invierte recursos considerables en la creación de su propia base tecnológica con el fin de no depender de suministros externos. Paralelamente, se desarrolla una competencia por el control de los ecosistemas de inteligencia artificial. Esto incluye no solo el desarrollo de algoritmos, sino también el acceso a datos, las inversiones en empresas emergentes y la captación de especialistas altamente cualificados. Singapur es uno de los principales centros tecnológicos del mundo, que atrae a un gran número de empresas de tecnologías de la información gracias a su estable política regulatoria y a su apertura a las inversiones extranjeras. Sin embargo, las restricciones estadounidenses, que pueden afectar el acceso a tecnologías clave, junto con el reciente inicio del control por parte de China sobre los intentos de las empresas chinas de trasladar sus actividades fuera de la jurisdicción nacional, generan un nuevo desafío para el equilibrio que Singapur intenta mantener entre los dos líderes globales.
Un gran número de empresas chinas busca nuevas prácticas de gestión empresarial que les permitan evitar riesgos derivados del elevado nivel de incertidumbre surgido en el contexto de la competencia económica y tecnológica entre Estados Unidos y China. Como respuesta, algunas empresas chinas comenzaron a trasladar sus sedes centrales, divisiones internacionales y estructuras financieras a Singapur. Esta práctica ha recibido la denominación de “Singapore washing” y consiste en utilizar Singapur como una jurisdicción neutral para reducir los riesgos políticos y económicos asociados al origen chino de las empresas. Esta estrategia se emplea de manera especialmente activa en los sectores tecnológico y del comercio electrónico.
Uno de los ejemplos más conocidos es Shein, que trasladó su sede central a Singapur ya en 2020. Esto permitió a la empresa distanciarse de su origen chino en un contexto de deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y China y de un mayor control occidental sobre las plataformas digitales chinas. Un modelo similar utiliza TikTok, perteneciente a la empresa china ByteDance. Parte de la dirección global y de las operaciones internacionales de TikTok también se encuentra en Singapur, lo que ayuda a la compañía a proyectar la imagen de una plataforma más internacional.
Uno de los ámbitos clave de aplicación del “Singapore washing” es el sector de la inteligencia artificial y de la infraestructura digital. Un número considerable de empresas vinculadas a tecnologías de IA elige Singapur como plataforma para sus actividades internacionales y para la captación de capital extranjero. Entre estas empresas pueden destacarse Manus AI, el fabricante de productos ópticos Terahop, el operador de centros de procesamiento de datos DayOne y la empresa de síntesis química basada en inteligencia artificial ChemLex. Para estas compañías, Singapur resulta atractivo debido a su sistema financiero estable y a su acceso a los mercados internacionales.
Otro ámbito importante es el sector financiero y las inversiones de capital riesgo. Algunos fondos de inversión chinos y startups tecnológicas utilizan Singapur como plataforma neutral para captar capital internacional y cooperar con socios occidentales. Esto les permite operar en un entorno jurídico más estable y reducir los riesgos asociados a las sanciones estadounidenses o a las inspecciones dirigidas contra empresas chinas. Uno de los ejemplos es el fondo Yuxiao Fund, un fondo privado de inversión del empresario chino Wu Yuxiao, registrado en Singapur.
Sin embargo, debido a la escalada de la rivalidad entre Estados Unidos y China, esta estrategia comienza a erosionarse. En primer lugar, Estados Unidos está prestando cada vez más atención al origen de las empresas, especialmente en el caso de aquellas que operan en el ámbito de la inteligencia artificial. Incluso si una empresa está oficialmente registrada en Singapur, la existencia de vínculos con la China continental puede ser suficiente para negarle apoyo financiero. En segundo lugar, el gobierno chino ha comenzado a reaccionar con mayor firmeza ante los intentos de las empresas de trasladar tecnologías y estructuras empresariales fuera de la jurisdicción nacional. Un ejemplo ilustrativo de ello es el escándalo en torno a Meta y Manus. Manus es un destacado desarrollador de inteligencia artificial basada en agentes. La empresa surgió a partir de la startup china Butterfly Effect, pero en 2025 trasladó su principal estructura operativa a Singapur. En diciembre de 2025, Meta adquirió Manus por 3.000 millones de dólares y, poco después, declaró que Manus rompía sus vínculos con la China continental. Sin embargo, en respuesta, los reguladores chinos decidieron examinar la adquisición por parte de Meta en busca de posibles infracciones de los controles de exportación y de la seguridad nacional, argumentando que, dado que Manus fue fundada por ingenieros chinos y sigue teniendo una empresa matriz china, debe permanecer bajo la jurisdicción de China. La República Popular China declaró que impedir la adquisición por parte de empresas extranjeras de activos que puedan considerarse importantes para la seguridad nacional constituye desde ahora una prioridad.
Este ejemplo ha proporcionado una comprensión clara de hasta qué punto la rivalidad entre Estados Unidos y China puede influir en los negocios. En un contexto más amplio, este caso confirma que el espacio para las interacciones económicas y tecnológicas «neutrales» se está reduciendo gradualmente. Esto, a su vez, socava la eficacia de la estrategia de hedging, que se apoyaba en gran medida en la posibilidad de separar la actividad económica de las contradicciones políticas.
En las condiciones actuales de competencia entre los líderes globales, la estrategia de hedging, que durante mucho tiempo proporcionó a Singapur la posibilidad de equilibrar eficazmente sus relaciones entre Estados Unidos y China, se enfrenta a limitaciones cada vez más serias. Si en un contexto de globalización relativamente estable este modelo permitía combinar la cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos y una activa interacción económica con China, la actual intensificación de la rivalidad entre ambos Estados está modificando sustancialmente las reglas del juego. El conflicto económico entre Estados Unidos y China conduce a la fragmentación de la economía global, a la politización de los flujos comerciales y de inversión y al aumento de la incertidumbre para las economías abiertas. Para Singapur, cuya prosperidad depende en gran medida de la estabilidad del comercio internacional, esto implica un incremento de los riesgos sistémicos y una reducción de las posibilidades de maniobra en el ámbito económico. Además, los dilemas diplomáticos en las relaciones entre Estados Unidos y Singapur, así como entre China y Singapur, pueden dificultar la aplicación de la estrategia de hedging. Por un lado, la preservación de los vínculos de seguridad con Estados Unidos sigue siendo de importancia crítica para garantizar la estabilidad; por otro, la interacción económica con China constituye un factor clave para el desarrollo de la economía singapurense. Como resultado, cualquier fortalecimiento de la cooperación con una de las partes genera potencialmente riesgos para las relaciones con la otra, lo que complica la implementación de una política multidireccional.
El factor definitivo que socava la posibilidad de un «equilibrio» eficaz es el desafío contemporáneo representado por la rivalidad tecnológica, que también debilita la estrategia del denominado «Singapore washing». La aplicación de la política de hedging en las actuales condiciones de competencia permanente sigue siendo posible, pero su implementación se vuelve más compleja que en años anteriores. Singapur continúa intentando mantener el equilibrio entre Estados Unidos y China; sin embargo, el margen para esta maniobra se reduce gradualmente. A largo plazo, esto podría obligar al país a reconsiderar las prioridades de su política exterior e incluso a desarrollar una estrategia de respuesta frente a una posible presión para elegir entre las partes en competencia.
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