Mitrofanova Viktoriia, pasante del Centro Resurgam para la dirección Asia-Pacífico.
Photo: AP/Kiyoshi Ota
Este enfoque no surgió en el vacío. Sus bases se sentaron ya durante el mandato del primer ministro Shinzo Abe, cuando se inició la revisión de la interpretación del Article 9 of the Constitution of Japan y se formuló el concepto de «contribución proactiva a la paz». Al mismo tiempo, bajo el liderazgo de Sanae Takaichi esta línea adquiere una articulación política más definida y una implementación práctica más acelerada.
Tras asumir el cargo el 21 de octubre de 2025, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, declaró su intención de revisar las restricciones de seguridad establecidas tras la Segunda Guerra Mundial. Presentó esta orientación estratégica como una respuesta al cambio en el equilibrio regional de poder, mencionando el aumento de la actividad militar de China en torno a Taiwán y en el mar de China Oriental, las pruebas de misiles de Corea del Norte y la profundización de la asociación estratégica entre Pekín y Moscú.
De este modo, Takaichi subrayó la necesidad de reforzar la autonomía estratégica de Japón. Se trata, ante todo, de la capacidad de garantizar la disuasión y la respuesta ante amenazas sin depender plenamente del “paraguas” de seguridad de Estados Unidos.
La idea central de Sanae Takaichi consiste en normalizar el uso de la fuerza como instrumento de la política exterior, lo que no implica renunciar al pacifismo constitucional consagrado en el artículo 9 de la Constitución de 1947. Este artículo, que constituye la base del pacifismo japonés de la posguerra, establece la renuncia a la guerra y limita el mantenimiento de capacidades militares ofensivas.
La posición de la primera ministra representa una continuación lógica de su evolución política dentro del Liberal Democratic Party of Japan, una fuerza política en la que el enfoque nacional-conservador en materia de seguridad se combina con un programa económico pragmático. Desde 2012, Sanae Takaichi, al frente del Consejo de Investigación de Políticas del partido, participó en la elaboración de una agenda que contemplaba la revisión de las restricciones de defensa y el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas y militares del país. Su trayectoria política, desarrollada en el contexto de la cambiante configuración partidaria de la década de 1990, contribuyó a consolidar su reputación como una dirigente capaz de adaptarse a transformaciones institucionales, rasgo que hoy se refleja en su intención de reformar los principios establecidos de la arquitectura de seguridad de la posguerra.
Un paso importante en la implementación de estos planes fue el fortalecimiento del mandato político de Sanae Takaichi mediante elecciones anticipadas a la Cámara de Representantes celebradas el 8 de febrero de 2025. La decisión de disolver la cámara baja permitió a la primera ministra transformar su elevado nivel de apoyo personal en una mayoría parlamentaria estable, necesaria para impulsar iniciativas en el ámbito de la defensa. Este movimiento redujo los riesgos de bloqueo interno dentro del partido y sentó las bases para pasar de las declaraciones estratégicas a la implementación de mecanismos jurídicos e institucionales concretos, cuyo desarrollo comenzó a principios de 2026.
El 20 de febrero de este año la primera ministra pronunció un discurso en la sesión plenaria de la House of Representatives of Japan en el que delineó un enfoque que amplía significativamente los límites de la concepción tradicional de la seguridad. Subrayó que el ámbito diplomático-estratégico ya no se limita únicamente a la dimensión militar, sino que también abarca el espacio ultraterrestre y el ciberespacio. Esta definición refleja un cambio conceptual en el que las cuestiones de seguridad se interpretan como un sistema multidimensional.
Un elemento clave de su enfoque fue la tesis de la necesidad de «mantener el timón por sí mismos», es decir, determinar el rumbo estratégico a partir de una visión a largo plazo de los intereses nacionales. En términos políticos, esto implica una transición gradual desde un modelo de seguridad reactivo, históricamente basado en garantías externas, hacia un modelo de planificación estratégica proactiva. Takaichi considera la diplomacia y la defensa como ámbitos inseparables, subrayando la importancia de combinar el fortalecimiento de las capacidades militares con una política exterior activa.
Especial relevancia adquiere la reinterpretación del concepto de Free and Open Indo-Pacific, propuesto por Shinzo Abe en 2010. Si la versión original del FOIP ponía el acento en la defensa del orden basado en normas y la libertad de navegación, la interpretación actual supone una evolución estratégica que tiene en cuenta la creciente competencia geopolítica y la rivalidad tecnológica en ámbitos como la inteligencia artificial y la infraestructura digital.
Al mismo tiempo, Takaichi no cuestiona las relaciones de alianza existentes: define claramente la alianza entre Estados Unidos y Japón como el pilar fundamental de la política de seguridad exterior. El énfasis en el «fortalecimiento de la autonomía» no implica un distanciamiento del aliado estadounidense, sino la intención de transformar la relación en una asociación más equilibrada y simétrica.
El curso político anunciado implica, por tanto, una transformación estructural del paradigma de seguridad japonés: desde el modelo de disuasión limitada característico de la posguerra hacia un modelo de autonomía estratégica integral, estrechamente vinculado con la diplomacia económica y la política tecnológica.
A comienzos de 2026 el gobierno de Takaichi anunció una serie de medidas concretas destinadas a reforzar el potencial de defensa y ampliar el papel de Japón en la seguridad regional. Está previsto revisar la Estrategia de Seguridad Nacional de 2022 mediante la introducción de un enfoque de «gestión de crisis» que integre la seguridad, la economía y la política industrial. Según el plan de Takaichi, el presupuesto de defensa fue incrementado hasta el 2 % del PIB. Este paso demuestra la intención del gobierno no solo de cumplir determinados indicadores formales, sino también de consolidar la autonomía estratégica del país.
De este modo, el pacifismo no se abandona como principio normativo, sino que se transforma en un modelo más activo de defensa. En la lógica de la primera ministra Takaichi, Japón debe estar preparado para defender su soberanía y a sus ciudadanos incluso en el caso de un conflicto prolongado. En febrero de este año subrayó la necesidad de crear condiciones que impidan la aparición de una «ventana de oportunidad» para un adversario potencial. Un elemento clave de la estrategia de defensa debe ser la capacidad de una autodefensa prolongada y eficaz que combine capacidades militares modernizadas y mecanismos de gestión de crisis.
El debate sobre la futura arquitectura de defensa, según sus palabras, debe ser concreto y realista, orientado al fortalecimiento práctico de la seguridad nacional en un entorno regional complejo, y no a la simple demostración de amenazas frente a posibles adversarios.
Otro elemento de los actuales debates de seguridad es la cuestión de la política nuclear. En el gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi se escuchan declaraciones sobre la posibilidad de revisar los «tres principios no nucleares», proclamados en 1967, que prevén la renuncia a la producción, posesión y despliegue de armas nucleares en el territorio del país. Algunas fuentes gubernamentales reconocen públicamente que, en un contexto de deterioro del entorno de seguridad regional, Japón se ve obligado a replantear sus propios enfoques de disuasión, aunque al mismo tiempo subrayan la complejidad y la sensibilidad política de tal paso. Al mismo tiempo, la primera ministra declaró el 24 de febrero durante una sesión plenaria de la Cámara de Representantes que personalmente no apoya el modelo de «nuclear sharing» con Estados Unidos y confirmó el compromiso del gobierno con los «tres principios no nucleares».
La transformación del modelo de defensa de Japón recibió un nuevo impulso el 25 de febrero de 2026, cuando una comisión del Partido Liberal Democrático aprobó la revisión de las normas de exportación de armamento. Bajo la dirección directa de la primera ministra Sanae Takaichi se desmanteló el sistema obsoleto establecido en los tres principios de transferencia de equipos y tecnologías de defensa, que permitía el suministro únicamente de cinco categorías limitadas de equipamiento no letal (rescate, transporte, reconocimiento, vigilancia y desminado).
El nuevo curso elimina las barreras anteriores, abriendo el camino para la exportación de plataformas de combate completas, como destructores y sistemas de defensa aérea. Especial relevancia adquirió la decisión de permitir la venta a terceros países de armamento desarrollado conjuntamente con socios extranjeros. Aunque la prohibición formal de suministrar armas a Estados en guerra se mantiene, el Consejo de Seguridad Nacional, bajo la dirección de Takaichi, obtuvo la autoridad para hacer excepciones cuando se trate de apoyar a un aliado que haya sido víctima de una agresión.
La implementación práctica de esta estrategia ya se observa en la activa promoción de tecnologías japonesas en los mercados del Indo-Pacífico. En particular, las fragatas modernizadas de la clase «Mogami», fabricadas por Mitsubishi Heavy Industries, fueron elegidas por Australia como plataforma principal para la modernización de su flota. Paralelamente continúan las consultas con Filipinas sobre la transferencia de destructores usados de la clase «Abukuma», que deberían reforzar la defensa costera de Manila. Además del equipamiento naval, el gobierno de Takaichi apuesta por la exportación de misiles antiaéreos Type-03 y sistemas antibuque Type-12, capaces de crear un cinturón fiable de disuasión en el mar de China Meridional.
Esta decisión tiene no solo una dimensión geopolítica, sino también económica. Durante décadas el complejo militar-industrial japonés dependió exclusivamente de pedidos internos limitados, lo que condujo a altos costes unitarios y a un estancamiento tecnológico. La salida a los mercados exteriores pretende cambiar esta dinámica, garantizando pedidos estables para gigantes industriales como Kawasaki Heavy Industries y Mitsubishi.
En noviembre de 2025 Japón transfirió por primera vez misiles PAC-3 para el sistema Patriot, producidos en el país bajo licencia estadounidense. Esto se produjo a petición de Estados Unidos en el contexto de la escasez de misiles estadounidenses destinados a apoyar a Ucrania frente a la invasión rusa. De este modo, este paso permite a Japón apoyar indirectamente a Ucrania y a otros aliados en caso de escasez de armamento y reforzar sus capacidades defensivas.
Japón también continúa cooperando en el marco del acuerdo alcanzado con Italia y el Reino Unido para el desarrollo conjunto de un nuevo caza de sexta generación dentro del programa Global Combat Air Programme (GCAP). La iniciativa fue anunciada en diciembre de 2022 y en 2023 se firmó un tratado internacional que inició formalmente una fase de desarrollo conjunto de tres años, con el inicio previsto de la operación del avión a partir de 2035.
Otra dirección de transformación, en la que Sanae Takaichi ya había puesto énfasis durante su programa electoral, es la reforma de la comunidad nacional de inteligencia. El elemento central de este curso ha sido la creación de la Oficina Nacional de Inteligencia, una estructura destinada a convertirse en el centro único de coordinación para la recopilación y el análisis de información. Esta iniciativa ya ha pasado del ámbito de las promesas electorales al de la implementación práctica.
De acuerdo con la orden de la primera ministra transmitida al secretario jefe del gabinete, Minoru Kihara, el nuevo organismo deberá eliminar la fragmentación existente entre las unidades de inteligencia de la policía, el Ministerio de Asuntos Exteriores, el Ministerio de Defensa y la Guardia Costera. La reforma prevé la reorganización de la actual Oficina de Investigación de Inteligencia del Gabinete en un servicio estatal completo con competencias ampliadas, cuyo director tendrá un estatus equiparable al del presidente del Consejo de Seguridad Nacional y dependerá directamente del primer ministro.
Takaichi justifica de forma sistemática la necesidad de crear una «CIA japonesa» por la necesidad de proteger los intereses nacionales. Además de la coordinación interna, el fortalecimiento de las capacidades en los ámbitos de la inteligencia humana y la vigilancia satelital se considera una condición necesaria para una integración más profunda de Japón en las redes globales de intercambio de información, en particular con la alianza «Five Eyes» (que reúne a los servicios de inteligencia de Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Estados Unidos y el Reino Unido), así como para la profundización de la cooperación internacional en materia de seguridad.
La política de seguridad del gobierno de Sanae Takaichi demuestra una transición sistémica hacia un modelo más estructurado y de largo plazo de planificación estratégica. No se trata de decisiones aisladas, sino de una reconfiguración integral de las instituciones, los instrumentos y el papel internacional de Japón en un contexto de creciente competencia regional. El aumento del presupuesto de defensa, la revisión de documentos clave de seguridad, el desarrollo de la industria de defensa y la ampliación de la cooperación militar-técnica internacional configuran una nueva calidad de la capacidad estatal.
En consecuencia, se está configurando un modelo en el que Japón combina el fortalecimiento de sus propias capacidades defensivas con la profundización de los vínculos de alianza y la cooperación tecnológica. Esto implica un fortalecimiento gradual de la capacidad estratégica del Estado en la región del Indo-Pacífico y una participación más activa en la configuración del equilibrio de poder en respuesta a los desafíos de seguridad a largo plazo.
Desde el inicio de la invasión a gran escala, Japón ha apoyado públicamente a Ucrania y desde entonces le ha proporcionado asistencia financiera y humanitaria. Una política de defensa japonesa más activa, promovida por la primera ministra Sanae Takaichi, crea para Ucrania una nueva configuración de cooperación en los ámbitos de la industria de defensa y la tecnología. La mencionada ampliación de las normas de exportación de armamento, el aumento del presupuesto de defensa hasta el 2 % del PIB y el curso hacia una mayor autonomía estratégica crean las condiciones para pasar de un apoyo episódico a una asociación de seguridad estructurada.
Sería conveniente que Ucrania iniciara la creación de un formato específico de cooperación con Japón en materia de defensa y seguridad a nivel de ministerios de defensa y consejos de seguridad nacional. Dicho formato podría incluir consultas estratégicas periódicas, el intercambio de experiencias sobre la conducción de guerras modernas de alta intensidad, así como la coordinación de posiciones frente a las amenazas procedentes de Rusia, que coopera en el ámbito de las tecnologías militares con regímenes autoritarios.
Teniendo en cuenta la reforma de la comunidad de inteligencia japonesa y la creación de un organismo centralizado por iniciativa del gobierno de Sanae Takaichi, Ucrania debería centrarse en establecer una asociación sistemática de inteligencia con Tokio. Se trataría de organizar un intercambio regular de evaluaciones estratégicas sobre la cooperación militar-técnica entre Rusia, China y Corea del Norte, coordinar el análisis de los mecanismos de evasión de sanciones y de las cadenas logísticas de suministro de armamento, así como desarrollar la cooperación profesional entre las unidades analíticas y de contrainteligencia. Ucrania ya posee una experiencia única en la lucha contra los servicios especiales rusos. En el contexto de una cooperación de inteligencia más profunda, un papel especial podría desempeñar la Dirección Principal de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania como actor clave de la inteligencia militar del país. Sería oportuno iniciar contactos profesionales directos entre esta estructura y el nuevo organismo centralizado de inteligencia de Japón para intercambiar evaluaciones estratégicas sobre la cooperación militar-tecnológica entre Rusia y los países de la región del Indo-Pacífico, así como sobre la transferencia de tecnologías de misiles y drones.
Ucrania también podría aprovechar los programas multilaterales existentes en Japón, como el Global Combat Air Programme. Se trata de una iniciativa conjunta de Japón, el Reino Unido e Italia destinada a desarrollar un caza de sexta generación que sustituirá a los aviones Eurofighter Typhoon en el Reino Unido e Italia y al Mitsubishi F-2 en Japón. En este marco, Ucrania podría proponer la creación de proyectos de investigación conjuntos en ámbitos como los vehículos aéreos no tripulados, la lucha contra drones, los sistemas de guerra electrónica, así como el desarrollo de la cooperación en el uso militar de la inteligencia artificial y el análisis de datos del campo de batalla. También representa una oportunidad para integrar la experiencia ucraniana de guerra de desgaste en los programas de formación y análisis de las estructuras de defensa japonesas.
De este modo, la transformación de la política de defensa japonesa abre opciones reales para un acercamiento estratégico a largo plazo entre ambos países, combinando seguridad, tecnología, industria de defensa y coordinación política.
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