Las líneas estratégicas de Moldavia cambian el equilibrio energético en Europa del Este
Diana Lebed, observadora política de Moldavia, especialmente para la comunidad internacional de información y análisis Resurgam
Photo: GOVERNMENT REPUBLIC OF MOLDOVA
El 4 de febrero de 2025, la Comisión Europea y el Gobierno de Moldavia firmaron una Estrategia Integral de Independencia y Resiliencia Energética con una duración de dos años y una financiación de 250 millones de euros. La estrategia creó la base institucional para la implementación de dos líneas de transmisión eléctrica de alta tensión de 400 kV, destinadas a integrar al país en la red continental europea ENTSO-E.
Las transformaciones moldavas se producen de forma sincronizada con los esfuerzos ucranianos, lo que refleja una realidad compartida, ya que en el contexto de la agresión rusa la modernización tecnológica del sector energético ha dejado de ser una cuestión de conveniencia económica para convertirse en un factor de supervivencia nacional.
Un papel especial en este proceso lo desempeñan las líneas troncales Vulcănești–Chisináu y Bălți–Suceava, que conforman la base técnica para romper con el sistema postsoviético de suministro energético, que durante décadas sirvió a Moscú como instrumento de influencia política. Asimismo, estos proyectos crean rutas alternativas que evitan la central eléctrica moldava de Transnistria, que producía alrededor del 80 % de la electricidad del país a partir de gas ruso. El cese del suministro de gas el 1 de enero de 2025 hace que la puesta en marcha de estas líneas sea de importancia crítica para garantizar las necesidades energéticas y comprobar la estrategia de diversificación iniciada tras la crisis de 2021-2022, cuando más del 65% de la población se volvió vulnerable al aumento de las facturas eléctricas.
La construcción de la línea Vulcănești–Chisináu, de 154 km de longitud, conecta las regiones del sur de Moldavia con la red rumana, creando una ruta alternativa de suministro eléctrico que evita Transnistria y su central eléctrica. A finales de 2025, las obras de construcción y montaje estaban completadas en un 99%, lo que indica que la instalación está prácticamente lista para entrar en funcionamiento, aunque todavía continúan trabajos preparatorios adicionales.
La importancia estratégica del corredor meridional va más allá de las características técnicas. La línea de alta tensión garantiza una capacidad estable para cubrir las necesidades críticas del sistema energético y abre la posibilidad física de importar electricidad desde Rumanía directamente a Chisináu, evitando los canales tradicionales a través de la región separatista. La finalización del proyecto permitirá a Moldavia comprobar la eficacia de la estrategia de diversificación y eliminar la dependencia del país de la central eléctrica de Transnistria.
Asimismo, el proyecto de la línea Bălți–Suceava configura el vector norte de integración de Moldavia en el sistema energético europeo y crea un mecanismo de influencia económica sobre Transnistria. Al mismo tiempo, la construcción conecta la segunda ciudad más grande de Moldavia, Bălți, con la rumana Suceava, pasando a solo 40 kilómetros de Transnistria pero evitando completamente su territorio, lo que permite excluir la central eléctrica transnistria del sistema nacional de suministro energético.
A su vez, la construcción de esta línea va acompañada de la modernización de la central eléctrica de Bălți y del desarrollo de la infraestructura existente, ya que se prevé la actualización de unas 200 subestaciones y la sustitución de 10 transformadores de potencia de 110 kV, lo que aumentará la fiabilidad de todo el sistema energético del país. La longitud total de la línea Bălți–Suceava en territorio moldavo será de 58 kilómetros, y la finalización del proyecto está prevista para 2027. Asimismo, el Gobierno de Moldavia declaró estas obras de utilidad pública de importancia nacional, lo que acelera los procesos administrativos, incluida la concesión de permisos y la expropiación de los terrenos necesarios.
En combinación con el corredor meridional, para 2027 Moldavia dispondrá de dos rutas independientes de suministro eléctrico desde Rumanía, que cubrirán todo el territorio de la margen derecha. Esta configuración cambia radicalmente el equilibrio de poder en las relaciones entre Chisináu y Tiráspol. La dependencia energética se transforma de un instrumento de chantaje de Transnistria contra Moldavia en una herramienta de presión de Moldavia sobre el Estado no reconocido.
La economía transnistria depende críticamente de empresas industriales que consumen enormes volúmenes de electricidad y gas. En particular, la central eléctrica moldava de Transnistria, el complejo metalúrgico de Rîbnița y la fábrica de cemento no pueden funcionar sin un suministro energético estable. Al mismo tiempo, Rusia muestra inestabilidad en la financiación, retrasando los pagos cada tres semanas. En caso de intensificarse la presión de las sanciones, las empresas europeas podrían negarse a aceptar pagos rusos, lo que obligaría a Transnistria a comprar gas a través de Chisináu en condiciones moldavas.
Chisináu ya utiliza las palancas energéticas para ejercer presión política y ha establecido tarifas eléctricas para Transnistria que reflejan el valor real de mercado, negándose a subvencionar el consumo de la margen izquierda. Esta política crea incentivos económicos para la reorientación hacia la jurisdicción moldava, donde el acceso al mercado energético europeo garantiza condiciones más estables. El aumento de las tarifas y la escasez de recursos energéticos generan presión social sobre la administración de Tiráspol, lo que puede conducir a un cambio en los estados de ánimo sociales respecto a la orientación de la región.
La ubicación estratégica de Moldavia crea el potencial para convertir al país en un centro energético de tránsito entre Ucrania y la UE. Los esfuerzos conjuntos de ambos Estados pueden garantizar un corredor vertical de gas desde Grecia, pasando por Bulgaria y Rumanía, hasta Moldavia y Ucrania, abriendo nuevas rutas de suministro y reforzando la seguridad energética de la UE. Los operadores de los sistemas de transporte de gas acordaron reducir las tarifas hasta la frontera en un 25 %, y GTSOU introdujo un descuento local del 46 %, lo que permite aumentar los suministros a los almacenamientos subterráneos.
Al mismo tiempo, el desarrollo de Moldavia como centro energético se enfrenta a desafíos internos: la intensidad energética de los edificios duplica los indicadores medios europeos, y el 75 % de las construcciones fueron levantadas antes de la década de 1990 con baja eficiencia energética. Por ello, una asociación estratégica eficaz implica un desarrollo coordinado de rutas complementarias, en el que la experiencia ucraniana de sincronización con ENTSO-E puede acelerar la integración de Moldavia, y las inversiones conjuntas en infraestructuras transfronterizas reducen la dependencia de los recursos energéticos rusos. Los mecanismos de coordinación de la gestión de crisis, la reserva mutua de capacidades y una política común respecto a Transnistria convierten los proyectos energéticos en un instrumento de estabilidad regional.
Conclusión
La finalización de las líneas Vulcănești–Chisináu y Bălți–Suceava crea la base técnica para la independencia energética de Moldavia respecto a Moscú. La primera línea, que entrará en funcionamiento en 2026, permitirá al país pasar al suministro europeo, y la culminación de la segunda en 2027 consolidará definitivamente esta autonomía. Para Ucrania, esto supone un estímulo para acelerar sus propios proyectos energéticos y profundizar la coordinación con los socios moldavos.
A largo plazo, el modelo óptimo prevé un espacio energético integrado con la participación de Ucrania, Moldavia y Rumanía bajo la coordinación de la UE. En esta configuración, las líneas moldavas se convierten en un elemento de la seguridad regional, y Ucrania consolidará su papel como nodo clave entre las redes centroeuropeas y balcánicas. A pesar de los elevados requisitos institucionales, este modelo es el más resistente frente a la presión energética rusa.
Diana Lebed, observadora política de Moldavia, especialmente para la comunidad internacional de información y análisis Resurgam
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