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30 ene 2026 | 6 MIN.
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La calle contra el sistema: ¿qué cabe esperar de las elecciones anticipadas en Serbia?

30 ene 2026 | 6 MIN.
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Daria Honcharenko, Analista junior del think tank Resurgam

Photo: AP

Entre 2024 y 2025, Serbia se vio sacudida por una oleada de protestas que, por su magnitud y alcance geográfico, se convirtieron en las más multitudinarias desde el año 2000. En estas movilizaciones, los manifestantes exigían libertad y transparencia en los medios de comunicación, rendición de cuentas por parte de las autoridades, elecciones justas y una limitación de la excesiva personalización del aparato estatal. En diciembre de 2025, el presidente Vučić cedió ante una de las demandas clave: la convocatoria de elecciones parlamentarias anticipadas, previstas para finales de 2026.

Las elecciones parlamentarias en Serbia no son la consecuencia de un ciclo democrático ordinario, sino el resultado de una presión acumulada sobre el sistema político. Aunque formalmente se trata de un adelanto electoral, en esencia estos comicios representan un intento del poder por reconfigurar su legitimidad en un contexto de alta tensión, desafíos económicos crecientes y movilización social.

El catalizador fundamental de este proceso electoral han sido las protestas masivas de 2024-2025, las mayores desde la caída del régimen de Slobodan Milošević. A pesar de la ausencia de un centro político único en el movimiento de protesta, las manifestaciones evidenciaron el resurgimiento de la presión ciudadana sobre el gobierno. En este marco, el visto bueno de Aleksandar Vučić a la celebración de elecciones anticipadas se ha convertido más en un instrumento de estabilización que en un reconocimiento de la disposición del poder para realizar cambios sistémicos.

Paralelamente a la turbulencia política, Serbia afronta una serie de dificultades económicas que la retórica de la estabilidad ya no logra compensar. La ralentización del crecimiento económico, la dependencia energética de Rusia y la desigualdad social están mermando la eficacia del control administrativo y socavando la confianza en las instituciones del Estado, lo cual se traduce en la exigencia de elecciones anticipadas por parte de los manifestantes.

Asimismo, la dimensión exterior de los comicios adquiere una relevancia especial en el marco de la estrategia de equilibrio geopolítico de Serbia entre la UE, Rusia y China. Esto convierte el proceso electoral en una prueba de fuego para la viabilidad del modelo de "incertidumbre estratégica" en plena transformación de la arquitectura de seguridad europea.

La matriz histórica de la política serbia: el equilibrio como forma de supervivencia

La estrategia de Belgrado en el contexto geopolítico se caracteriza por mantener un balance entre los grandes centros de poder, lo que constituye un modelo consolidado de reafirmación del Estado en la arena internacional. Por ejemplo, en octubre de 2022, el secretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores de Serbia declaró que la adhesión al bloque comunitario y la armonización de relaciones con la UE eran prioridades de su política exterior. No obstante, Belgrado evita sistemáticamente aplicar las decisiones relativas a medidas restrictivas contra Rusia o aquellas vinculadas a la proliferación de armas químicas. El 20 de enero de 2026, el Servicio Europeo de Acción Exterior anunció que Serbia no había cumplido con cuatro decisiones de la UE relacionadas con las sanciones contra la Federación Rusa y Bielorrusia.

El factor histórico desempeña un papel crucial en esta situación y se utiliza a menudo como herramienta para justificar los principios de la diplomacia serbia. El legado de Yugoslavia y del Movimiento de Países No Alineados contribuyó a forjar una política que evita los compromisos de bloque. Por otro lado, el trauma asociado a los bombardeos de la OTAN en 1999, la cuestión de Kosovo y el dilatado proceso de integración europea han consolidado una profunda desconfianza hacia Occidente en el tejido político y social. Aunque Serbia es candidata a la UE, busca preservar su equilibrio en la escena internacional orientándose hacia Rusia, que se ha asentado en el discurso político como símbolo de justicia histórica y apoyo estable.

Estos factores son explotados activamente en las campañas electorales serbias como herramientas de movilización. El principal resorte de influencia es la memoria histórica, a la que apelan con frecuencia las fuerzas políticas prorrusas y antioccidentales. Especialmente sensible es el tema de Kosovo, percibido socialmente como emblema de una "política occidental amenazante", lo que proporciona a ciertas facciones políticas el instrumental necesario para asegurar el apoyo de un segmento específico del electorado en vísperas de los comicios.

La calle como factor político: entre el potencial de protesta y la inercia sistémica

El movimiento de protesta posee una fuerte carga motivacional y emocional, pero adolece de un bajo nivel de organización. Al carecer de un liderazgo unificado, las manifestaciones resultan descoordinadas y heterogéneas. Aunque los manifestantes exigen elecciones justas, esto no garantiza que los participantes se conviertan en votantes activos, existiendo el riesgo de que la movilización no se traduzca en los votos necesarios para implementar cambios estructurales.

El férreo control del gobierno sobre la televisión y los medios de comunicación regionales también contribuye a mitigar la difusión de las protestas y su impacto posterior en el país. En abril de 2025, los canales independientes N1 y Nova fueron excluidos de la televisión por satélite, lo que evidencia una centralización mediática continua con el fin de reforzar el control estatal sobre el espacio informativo serbio. El Parlamento Europeo, en su resolución del 22 de octubre de 2025, condenó la presión política sobre el canal N1 y las agresiones sufridas por periodistas durante la cobertura de las protestas.

El sistema político: hegemonía sin alternativa

Desde 2012, el Partido Progresista Serbio (SNS) se mantiene como la fuerza dominante en el Parlamento, con un apoyo que oscila entre el 40 % y el 50 %, lo que le permite definir la trayectoria del Estado prácticamente sin obstáculos. Por su parte, el Partido Socialista de Serbia (SPS) cuenta con una adhesión de entre el 6 % y el 8 %, mientras que los movimientos de oposición fragmentados, que en 2023 se agruparon bajo la coalición "Serbia contra la violencia", ostentan entre el 20 % y el 25 % de respaldo. Esta configuración, donde la presencia de un líder fuerte impide que las elecciones alteren el equilibrio de poder, se define como una "democracia dirigida".

Desde el punto de vista institucional, la prolongada hegemonía del SNS ha facilitado la captación y lealtad política de las élites regionales, lo que ha intensificado la centralización del poder en torno a un solo partido. De cara a los comicios de 2026, el uso de recursos administrativos por parte del partido gobernante hace prever intentos de influir en las comisiones electorales a través de representantes locales.

Trayectorias poselectorales

La probabilidad de mantenimiento del statu quo en el contexto de la configuración política de fuerzas en el Parlamento de Serbia sigue siendo alta.

Si el Partido Progresista Serbio logra consolidar y fortalecer su papel en el aparato estatal, la disposición favorecerá el debilitamiento continuo del proceso de integración europea, el rechazo a las sanciones contra la Federación Rusa o su adopción parcial bajo la presión de la comunidad internacional. El método de equilibrio entre los diferentes centros mundiales seguirá siendo la estrategia principal de Serbia en la arena mundial.

Una deriva controlada hacia la UE, en particular a través del aumento de la lealtad del electorado hacia los partidos de oposición leales a la UE, permitirá reforzar la retórica proeuropea; no obstante, la probabilidad de seguir un rumbo de integración europea decidido es baja. De tal disposición se puede esperar una alineación parcial con la política exterior de la UE y la implementación de una cantidad mínima de reformas causadas por la presión de la Unión Europea.

El crecimiento de la influencia de Rusia y China, debido al aumento de la afinidad hacia los partidos nacionalistas y prorrusos como “Јединствена Србија”, “Социјалистичка партија Србије” y “Национално демократска алтернатива” (“Serbia Unida”, “Partido Socialista de Serbia” y “Alternativa Democrática Nacional”), se considera como uno de los posibles escenarios tras la configuración electoral de fuerzas. El espacio político formado bajo estas condiciones se caracterizará por una retórica antioccidental aguda, el bloqueo continuo de las sanciones contra Moscú, una mayor tensión en las relaciones con la UE en el camino hacia la membresía y la ausencia práctica de apoyo a Ucrania en la arena internacional debido al fortalecimiento de las fuerzas prorrusas en el parlamento, que insistirán en limitar la cooperación con Kiev.

La dimensión ucraniana: la neutralidad como estrategia de evasión

La cuestión de Ucrania no figura entre las prioridades de la política exterior serbia. La estrategia de Belgrado se caracteriza por evitar una postura nítida respecto a Kiev, utilizándola como herramienta para preservar la estabilidad interna ante la alta concentración de sentimientos prorrusos en la sociedad y la significativa presencia económica de Rusia en el país. Serbia intenta bascular entre la condena formal a la guerra y la demostración de solidaridad, pero evita sumarse a las sanciones contra el Kremlin o proporcionar ayuda directa a Kiev.

Para Ucrania, el escenario más favorable sería un crecimiento de las fuerzas europeístas en Serbia. Aunque esto no garantiza un aumento automático de la lealtad de Belgrado hacia Kiev, sí abriría la posibilidad de un acercamiento diplomático. Por el contrario, el refuerzo de las facciones prorrusas o la preservación del status quo actual conllevarían el mantenimiento de la distancia bilateral o, incluso, la reducción de cualquier tipo de apoyo residual a Ucrania.

Conclusiones: las elecciones como herramienta de postergación

A medio plazo, Serbia seguirá siendo una "zona gris" entre Rusia y Occidente, amparada en su arraigada tradición de equilibrismo como modelo dominante de relaciones internacionales. En este contexto, las elecciones no actúan como un motor de cambio, sino como una prolongación del curso estratégico del Estado con variaciones menores en el reparto de poder.

Para la Unión Europea y Ucrania, la misión fundamental consiste en abordar las dependencias a largo plazo de Belgrado respecto a Moscú. Asimismo, resolver el problema de la "democracia dirigida" —fruto de la dominación prolongada de una única fuerza política— sigue siendo el principal desafío para el desarrollo democrático de Serbia, ya que este modelo limita la competencia y fomenta la personalización del poder.

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