Corporación, no democracia. Resultados de las elecciones parlamentarias en Transnistria
Diana Lebed, observadora política de Moldavia, especialmente para la comunidad internacional de información y análisis Resurgam
Supermercado «Sheriff» en Tiráspol. Foto: sheriff.md
El 30 de noviembre de 2025 se celebraron en la no reconocida Transnistria las elecciones parlamentarias ordinarias al Sóviet Supremo. A primera vista, se trata de un procedimiento habitual de rotación del cuerpo de diputados en una región que lleva más de treinta años en un estado de conflicto congelado. Sin embargo, detrás de la fachada de los colegios electorales y las urnas se oculta una dura realidad, pues Transnistria hace tiempo dejó de ser simplemente un cuasi-Estado no reconocido. Actualmente es un experimento único de gestión corporativa de un territorio, donde la frontera entre los negocios y el poder se ha borrado por completo.
Las elecciones actuales solo han resaltado la profunda crisis sistémica de Transnistria, donde el viejo modelo económico se ha desmoronado definitivamente y el apoyo ruso ya no salva la situación. La región se encuentra ante una elección: o la integración con Moldavia, o un inevitable declive económico y social.
“La República Sheriff”: quién gobierna realmente Transnistria
El verdadero poder está concentrado en manos del holding “Sheriff”, que controla cerca del 60% de la economía legal de la región: desde supermercados y gasolineras hasta canales de televisión, un club de fútbol y operadores de telecomunicaciones. La mitad del presupuesto se forma a partir de los impuestos de esta estructura, y ninguna decisión política se adopta sin la aprobación de la dirección del holding. Los órganos oficiales de poder, incluido el presidente Vadim Krasnoselski y el parlamento, desempeñan funciones meramente representativas, mientras que los auténticos resortes de influencia están en manos de la élite empresarial de la familia Gușan.
El partido “Obnovlenie”, que ocupa 29 de los 33 escaños del Sóviet Supremo, es el brazo político de “Sheriff”. Galina Antiuféieva, que dirige el partido desde 2016, no toma decisiones de forma independiente, pues ejecuta la voluntad de los verdaderos dueños de la PMR. Los candidatos del partido reciben apoyo financiero, acceso a recursos administrativos y promoción mediática a través de los canales del holding. En un sistema así, el resultado de las elecciones lo determinan no la voluntad de los ciudadanos, sino los acuerdos internos de la élite.
Sistema electoral y panorama político
Las elecciones al Sóviet Supremo de Transnistria se celebran mediante un sistema mayoritario en 33 circunscripciones uninominales, lo que permite controlar los resultados a través de los vínculos directos de los candidatos con los votantes, los recursos administrativos y la financiación de los candidatos “adecuados”.
El panorama político muestra una total uniformidad. En la región funcionan de hecho solo dos fuerzas políticas: el partido “Obnovlenie” y el Partido Comunista de Transnistria, que a pesar de sus diferencias en política interna, apoyan unánimemente la alianza con Rusia. No existen fuerzas proeuropeas ni siquiera moderadamente promoldavas, y cualquier intento de crear una alternativa se reprime duramente mediante procesos judiciales y la descalificación de candidatos.
Campaña electoral y eliminación de candidatos opositores
En las elecciones se presentan principalmente diputados en ejercicio, funcionarios locales y empresarios vinculados al holding “Sheriff”. El sistema no permite la aparición de caras nuevas, limitando la renovación de las élites a una rotación cosmética dentro de un círculo reducido. Las declaraciones programáticas de “Obnovlenie” se reducen a promesas abstractas de estabilidad económica, “protección frente a Chisináu” y expectativas de apoyo ruso, sin mecanismos concretos de aplicación. Los comunistas apelan a la nostalgia por la URSS y critican a “Obnovlenie” por corrupción, pero su estrategia se basa en exigir prestaciones sociales y ayuda financiera desde Moscú, algo poco probable en condiciones de guerra en Ucrania y sanciones.
La campaña electoral de 2025 demostró una completa ausencia de competencia política. La Comisión Electoral Central eliminó sistemáticamente a candidatos no deseados. A unos se les acusaba de “separatismo” por llamar al diálogo con Moldavia, a otros se les descalificaba por errores formales, y otros más sufrían presión mediante inspecciones fiscales y amenazas de procesos penales. En vísperas de la votación, el 25 de noviembre, un tribunal excluyó al activista Oleksandr Bondarenko, acusándolo de supuestas promesas de beneficios materiales a los votantes, mientras que su oponente del holding “Sheriff” hacía solo promesas abstractas y quedaba impune.
El ejemplo más resonante fue la exclusión de Mykola Malyshev, pues se aprobó retroactivamente una ley que prohíbe presentarse a quienes hayan recibido dos rechazos previos, privando así al activista opositor de la posibilidad de participar en las elecciones. Malyshev criticaba abiertamente la corrupción y los cuerpos de seguridad, por lo que había recibido amenazas, agresiones y violencia física. Por lo tanto, estos casos demuestran que el poder convierte las elecciones en un ritual cuyo resultado se conoce de antemano, y cualquier oposición es posible solo dentro de límites seguros para las élites de la región.
Fin de las ilusiones sobre la “fraternidad” con Rusia
El modelo de feudalismo corporativo podría haber funcionado durante mucho tiempo en condiciones de estabilidad económica; sin embargo, 2025 finalmente destruyó la “pseudo-prosperidad” transnistria. En vísperas de las elecciones, Grigori Karasin, presidente del Comité Internacional del Consejo de la Federación, hablaba de “vínculos históricos indisolubles”, pero detrás de esta retórica se esconde una total indiferencia hacia los problemas reales de la población.
La era del gas gratuito terminó tras el cese del tránsito a través de Ucrania. Ahora el suministro se realiza mediante un esquema opaco: el gas llega a través de la empresa húngara MET, y el pago lo efectúan intermediarios de Dubái con cargo a un crédito ruso cuyas condiciones se desconocen.
Las consecuencias se hicieron evidentes ya en octubre de 2025, cuando hubo que introducir un régimen de ahorro de gas, cortar el agua caliente y posponer la temporada de calefacción. Además, los retrasos en los pagos se repitieron en noviembre. Como el apoyo ruso ya no salva la economía, este esquema hace que Transnistria sea vulnerable a cualquier fallo y totalmente dependiente de la voluntad política del Kremlin.
Un proceso electoral simulado con un resultado previsible
Las elecciones parlamentarias del 30 de noviembre de 2025 confirmaron definitivamente la transformación de Transnistria en una corporación controlada sin pluralismo político. El holding Sheriff conservó el control total de todas las instituciones de poder y el nuevo Parlamento se formará exclusivamente con funcionarios leales. El partido Renovación mantuvo el control del legislativo, obteniendo una mayoría abrumadora de escaños, pero se trata de una victoria vacía sobre las ruinas de la economía. Los comunistas reforzaron ligeramente sus posiciones, aunque su influencia sigue siendo limitada.
Según la CEC, 45 candidatos optaban a los 33 escaños. No existe umbral de participación para validar las elecciones, y la participación oficial fue de tan solo el 26%. Este indicador catastróficamente bajo refleja la profunda apatía de la población y la pérdida de fe en la posibilidad de cambios. La población prácticamente ignora las elecciones, absteniéndose de participar en procedimientos formales, mientras que la presión administrativa, las amenazas y las promesas solo influyen parcialmente. Los jóvenes emigran masivamente en busca de trabajo a Moldavia, Rumanía o Rusia, dejando la región habitada principalmente por personas mayores, lo que agrava la crisis de viabilidad del territorio.
Los resultados fueron tan previsibles que incluso los medios prorrusos fueron incapaces de encontrar intriga alguna. Las elecciones se convirtieron en un ritual para confirmar el statu quo: una democracia formal en apariencia, pero en realidad un control total de la élite empresarial. La población empieza a comprender que la supervivencia de la región depende de Chisináu y no de Tiráspol.
Además, Moldavia no reconoció la legitimidad de las elecciones parlamentarias en Transnistria, subrayando que tuvieron lugar en un territorio temporalmente ocupado, sin el cumplimiento de los estándares internacionales ni la presencia de observadores independientes. No obstante, en lugar de confrontación, Moldavia continúa aplicando la estrategia de “reintegración a distancia” mediante palancas económicas.
Así pues, el futuro de Transnistria ya no lo determinan las promesas ideológicas ni las elecciones formales, sino la realidad económica. La región se enfrenta a una elección inevitable: seguir simulando la “estatalidad” o integrarse con Moldavia, abriendo el acceso a los mercados europeos y a recursos estables. Sin esto, no hay futuro, y la cuestión ya no es la votación, sino los plazos y el precio de los años de una ilusión sostenida.
Recomendaciones
Ucrania, la UE y Moldavia deben acordar un nuevo paquete de sanciones dirigido al liderazgo de Transnistria y al holding Sheriff para limitar su capacidad de difundir la influencia rusa en la región y minimizar los riesgos para la seguridad nacional.
Paralelamente, es necesario profundizar la cooperación con Moldavia y Rumanía en el ámbito de la seguridad: desde la coordinación de los organismos policiales hasta ejercicios y operaciones conjuntas. Este enfoque garantizará una contención eficaz de posibles acciones desestabilizadoras de Rusia y reforzará la resiliencia regional en su conjunto.
Diana Lebed, observadora política de Moldavia, especialmente para la comunidad internacional de información y análisis Resurgam
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