El bucle energético de los Balcanes: NIS, sanciones y la transformación de la influencia rusa
Daria Honcharenko, pasante del think tank Resurgam
Photo: NIS
La empresa serbia Naftna Industrija Srbije (NIS), en la que más del 56 % de las acciones pertenecen a la parte rusa, es un ejemplo de una presencia de la Federación Rusa que va mucho más allá del nivel puramente inversor. Esta presencia consolida profundamente las posiciones de Moscú dentro de la arquitectura económica de Serbia e influye en la estabilidad del suministro de combustibles, la energía, el nivel de empleo y el desarrollo regional.
A lo largo de 2025, la cuestión del control sobre la compañía petrolera y gasífera serbia se convirtió en una de las principales direcciones de la presión diplomática y sancionadora de Estados Unidos sobre Rusia y sus activos en la región europea. En enero de 2025, Washington impuso sanciones a la empresa NIS, una parte significativa de cuyas acciones pertenece a las compañías rusas Gazprom y Gazprom Neft. La principal exigencia de Estados Unidos fue la retirada completa del capital ruso de la industria petrolera de Serbia.
A pesar de una serie de licencias temporales de la OFAC, destinadas a preservar la estabilidad operativa, en el otoño de 2025 las sanciones entraron plenamente en vigor. Como consecuencia, se interrumpió el suministro de petróleo a través del oleoducto JANAF y surgió la amenaza de paralización de la refinería de Pančevo. En estas condiciones, Belgrado se encontró ante la disyuntiva de obtener permisos especiales de Estados Unidos o vender los activos rusos.
La dependencia de la economía serbia de Rusia frena los márgenes de maniobra de la política exterior de Belgrado, impidiéndole apoyar una política de sanciones contra Moscú y cerrando oportunidades de cooperación con socios occidentales. Esto aleja las perspectivas de integración europea y crea amenazas para la economía del país debido a la inestabilidad y a su amplia dependencia de un solo actor: Moscú.
En este contexto, la venta de las acciones de NIS puede considerarse no como un intento exitoso de expulsar la parte de las inversiones rusas de la economía de Belgrado, sino como una oportunidad para que Moscú transforme su influencia de directa a indirecta. Dicha transformación implicaría la participación de un tercero leal al Kremlin, lo que permitiría a Rusia conservar su influencia en una región estratégicamente importante, eludiendo las sanciones.
Dumping en favor de un aliado: cómo la política determinó la venta de NIS
La base formal para la firma del acuerdo en 2008 entre el gobierno de Serbia y la empresa rusa Gazprom Neft fue la necesidad de modernizar una infraestructura obsoleta y garantizar la estabilidad del suministro. Sin embargo, Moscú consideró este acuerdo más bien como una consolidación política de su presencia y la legalización de su influencia mediante el control de una participación significativa de acciones.
El contexto histórico también favoreció la firma del acuerdo, ya que tras la proclamación de la independencia de Kosovo, Serbia se vio sumida en una crisis política interna y en un deterioro de las relaciones con Occidente. Rusia, aprovechando esta situación, se proclamó abiertamente aliada de Belgrado, apoyándola en el ámbito internacional, lo que permitió generar confianza por parte de Serbia y, a su vez, asegurar condiciones favorables para Moscú.
El paquete de control de las acciones de NIS, según la evaluación de numerosos expertos, teniendo en cuenta la extensa red de distribución, la posesión de refinerías estratégicamente importantes y su posición monopolística, fue vendido a un precio de dumping. Aunque los activos de la empresa podrían haber interesado a un amplio abanico de partes, lo que habría permitido convertirla en objeto de una licitación competitiva, Serbia finalmente no llevó a cabo dicho proceso.
Además, la propia estructura del acuerdo fue diseñada de tal manera que garantizara a Rusia un amplio margen para interpretar libremente las condiciones relativas a la modernización y el desarrollo. Al mismo tiempo, Belgrado asumió una serie de garantías relacionadas con la creación de un entorno regulatorio favorable y la limitación de futuras revisiones de los parámetros clave del contrato.
NIS en la lógica sancionadora de Estados Unidos
La política sancionadora estadounidense respecto al sector energético ruso se caracteriza por el deseo de crear un entorno en el que la actividad del capital ruso sea más predecible y menos riesgosa. En esta política, NIS se posiciona más bien como una “zona gris”, ya que formalmente la empresa opera en un tercer país y no está directamente sujeta a sanciones. Sin embargo, la influencia que ejerce la Federación de Rusia, aprovechando su significativa presencia inversora, impulsa a Washington a actuar con decisión.
La imposición de sanciones a la empresa complica progresivamente el funcionamiento de toda la arquitectura económica de Serbia. La reducción del acceso a capitales occidentales provocará en el futuro el bloqueo de un número considerable de proyectos de infraestructura y del proceso de modernización. Dado que las refinerías modernas dependen en gran medida de tecnologías occidentales, la ausencia o limitación de acceso a estas supondrá para Serbia el riesgo de rezago y de pérdida de competitividad de los activos.
El sector económico de Serbia depende de un solo actor internacional: Rusia. Por ello, existe una seria amenaza de aplicación de sanciones secundarias contra el país, un instrumento que Estados Unidos utiliza para presionar a terceros que Moscú suele considerar como una vía alternativa para eludir las sanciones occidentales. Aunque su implementación es poco probable, la sola perspectiva de estas sanciones ya constituye una palanca de presión por parte de Washington. Además, la coordinación entre Estados Unidos y la Unión Europea en este asunto empeora la posición de Belgrado en el contexto de la integración europea, ya que Bruselas no está dispuesta a continuar el diálogo con un Estado cuya economía depende en gran medida de activos rusos sujetos a sanciones.
Reubicación del control en condiciones de sanciones
La decisión de vender el 56,16 % de las acciones, a primera vista, parece un acto de salida de Rusia del sector petrolero serbio; sin embargo, en realidad puede convertirse en una maniobra estratégica calculada por Moscú. La vulnerabilidad de NIS frente a las sanciones —la principal empresa petrolera de un país candidato a la UE— crea riesgos sistémicos tanto para Belgrado como para la propia Rusia. En este contexto, la venta de acciones se vuelve una necesidad estratégica, ya que la presión occidental imposibilitará la modernización del equipamiento y la infraestructura, limitará el acceso a recursos financieros y reducirá la competitividad.
El consentimiento para la venta no está acompañado de prisas ni de declaraciones públicas llamativas. Además, no se anuncian posibles compradores. Esto indica que el proceso está total o parcialmente controlado por Moscú, que busca vías ventajosas para mantener su influencia en Serbia mediante la selección de una tercera parte adecuada. El llamado “actor universal” en esta situación —potencial comprador de la mayor parte de los activos— sería un Estado que no esté bajo presión sancionadora occidental o que esté dispuesto a operar en un entorno de riesgos políticos.
En este escenario, el cambio formal de propietario no implicará un cambio en las estrategias de NIS. El control ruso se mantendrá a través de acuerdos a largo plazo, contratos y decisiones de gestión. La venta del paquete de control de NIS corre el riesgo de convertirse en un precedente para otros activos rusos vulnerables a las sanciones occidentales. Acciones similares con la participación de terceros podrían convertirse en una herramienta para preservar la influencia en regiones o sectores específicos, evitando al mismo tiempo la presión de la comunidad internacional.
Al mismo tiempo, para Rusia existe un alto riesgo de equivocarse en la elección del candidato para el papel de “actor universal”, ya que ningún Estado puede ofrecer a Moscú garantías absolutas de cumplir todas sus directrices. En consecuencia, surge una seria amenaza de que la tercera parte escape al control del Kremlin y de que NIS se transforme gradualmente según las estrategias del nuevo propietario. En tal caso, Rusia podría perder definitivamente su principal palanca de influencia en Serbia.
La venta de la participación en NIS en la lógica del reordenamiento geopolítico
El escenario más ventajoso para Rusia podría ser la venta de los activos a representantes de la Unión Europea leales a Moscú, en particular Hungría o Eslovaquia. Estos países son miembros de la UE y de la OTAN, pero al mismo tiempo demuestran disposición política a un diálogo “pragmático” con Rusia. Esta retórica permite considerar un posible acuerdo con su participación como una maniobra rusa destinada a preservar su influencia en los Balcanes, evitando sanciones y acciones directas en el sector energético serbio. Precisamente este círculo de compradores podría otorgar a Moscú legitimidad institucional a través de la pertenencia de Budapest y Bratislava a la UE y la OTAN, manteniendo al mismo tiempo el control sobre los elementos logísticos y de gestión clave.
Entre los candidatos más probables para la compra de los activos de NIS fuera del ámbito transatlántico se encuentran China o los países del Golfo Pérsico. Estos Estados muestran una lealtad moderada hacia Moscú, que a su vez ve en ellos varias ventajas: reducción de la presión sancionadora sobre los activos, preservación del control indirecto sobre los flujos clave y evitación de la pérdida de posiciones dominantes en Serbia. El cambio de propietario se utilizaría como argumento por parte de Serbia en el diálogo con Occidente sobre el cumplimiento de los requisitos y la eliminación de los activos rusos del sector petrolero, aunque en realidad se trataría solo de un paso formal.
La entrada de China en el sector petrolero tendría un amplio abanico de particularidades. Pekín posee una considerable experiencia de trabajo en entornos de alto riesgo sancionador. Además, Serbia es un país con una amplia presencia de inversiones chinas. Por ello, a Serbia —que cuenta con un número significativo de iniciativas conjuntas exitosas— no le resultará difícil establecer un diálogo constructivo con Pekín. En estas condiciones, Belgrado corre el riesgo de depender de un simbiosis chino-rusa, en la que Moscú controle el flujo de materias primas y la red logística, mientras que Pekín controle las finanzas y parte de la gestión.
El escenario de atraer inversores de Oriente Medio, en particular la compra de activos por fondos o grandes holdings energéticos, se considera potencialmente más neutral, ya que los actores de esta región se concentran en el rendimiento financiero y no en el posicionamiento ideológico. En este caso, Serbia se liberaría de la presión sancionadora y obtendría acceso a capital sin los obstáculos ideológicos que a menudo imponía el Kremlin. Al mismo tiempo, un representante de Oriente Medio podría mantener el statu quo dentro de NIS, al no tener incentivos para transformaciones profundas y dejar intactas las redes administrativas, financieras y logísticas rusas.
En el contexto de una posible compra de activos rusos, incluso Estados Unidos podría considerarse un candidato bajo ciertas condiciones. Washington y Moscú podrían acordar una operación de compra si Estados Unidos concediera acceso a recursos naturales u oportunidades en otra región, bloqueara un paquete de sanciones en un ámbito específico o brindara apoyo en la toma de decisiones a nivel interestatal.
La renuncia a una palanca de influencia tan importante en un país clave de los Balcanes como Serbia supondría para Rusia una grave derrota geopolítica, que tratará de compensar al máximo con otras ventajas. Por ello, la venta de los activos de NIS a Washington podría interpretarse bien como una manifestación de la debilidad geopolítica del Kremlin, bien como un acuerdo que le otorgó oportunidades significativas.
Conclusión
El control sobre un activo energético serbio permite mantener la presencia de Moscú en la región de los Balcanes incluso bajo condiciones de sanciones, utilizando un control indirecto a través de contratos a largo plazo, logística y redes de gestión.
Las sanciones estadounidenses incrementan los riesgos para las inversiones directas de la Federación Rusa, pero no eliminan por completo su influencia. Los cambios formales de propiedad, como en el caso de la posible venta del 56,16 % de las acciones de NIS, no garantizan una transformación real. La región funciona como un espacio de adaptación de la política sancionadora, en el que Rusia conserva su influencia sin violar formalmente las normas internacionales.
Esto crea un precedente para la evasión de sanciones, con consecuencias indirectas para Ucrania. Además, la posible preservación de la influencia rusa socava la eficacia de la aplicación de las sanciones, reduce la transparencia de los flujos energéticos y dificulta el apoyo diplomático a Kyiv tanto en los Balcanes como en la Unión Europea.
Daria Honcharenko, pasante del think tank Resurgam
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